El desenlace del Master, aprendizajes personales y colectivos

Los pasados días 2 y 3 de julio finalizó la operación tesina, con la presentación ante el tribunal de los seis proyectos. El auténtico test de aprovechamiento y del nivel alcanzado por los participantes en el exigente programa del Master de Marketing Directo y Digital del Idec-UPF.

Todas las ediciones han sido especiales, pero ésta quinta edición lo ha sido más, por muchos motivos y razones. De vez en cuando conviene hacer autocrítica, hoy toca. Como me recordaba Mònica Alonso, a los que llevamos muchos años trabajando (pongamos +15años), con puestos de responsabilidad o mucha responsabilidad, hemos pasado por todos los frentes, hemos aplicado todas las técnicas, dominamos o como mínimo integramos correctamente todas las disciplinas en diferentes marcas, productos y entornos competitivos, tenemos un sistema operativo diferente. No digo que mejor, ni peor. Digo diferente. El campo de referencias para comparar es muy amplio, estamos acostumbrados a flexibilizar conocimiento y a relativizar determinadas circunstancias.

No lo hemos aprendido en la universidad. Hemos bebido de muchas fuentes, pero lo hemos aprendido a base de aplicarlo, de equivocarnos, de sufrir revolcones de clientes o del propio consumidor. Una excelente, pero dura, escuela.

Los tiempos no están para demasiada poesía. Las cosas se ven radicalmente diferente desde tu propia empresa, o trabajando más o menos cómodamente para un tercero, que en la cola del paro o saltando de entrevista en entrevista laboral.

La ortodoxia, el marco, el enfoque estratégico son muy importantes, pero seamos sinceros y claros, servirán de poco para aquel que está buscando trabajo de lo que sea en un departamento de marketing o en una empresa de servicios de marketing. Lo último que le asignarán a un recién llegado es esbozar la estrategia de esa marca o compañía, salvo que se incorpore explícitamente para ello.

Las circunstancias son las que son. Hay mucha gente angustiada y sus prioridades son claras. Buscar su oportunidad profesional. Algunos con su propio proyecto empresarial, otros en búsqueda activa de empleo. Todo lo que no responda a ese objetivo, pasa a un segundo plano. Ese es el cristal a través del que nos juzgarán. Y si no les gusta se quejarán, como así lo hicieron –afortunadamente para nosotros- los alumnos del Master.

No es nada personal”, me decía con razón un amigo hace unos meses, cuando atravesamos fuertes turbulencias en el programa. Las críticas duras escuecen y en determinadas circunstancias producen un dolor intenso. Durante las primeras horas, coincidiendo con el momento álgido emocional, uno se vuelve trascendental. “¿Serviré para esto?” “¿es suficientemente fuerte mi vocación?

Siguiendo los consejos de mi amigo Josep-Maria, “¿Qué hay de los docenas de valoraciones positivas?“Las evaluaciones no te juzgan a ti, sólo expresan la opinión sobre lo que sucedió en determinado momento y porque les gustaría otra forma de hacer”. Hay que aprender de los revolcones, hacer autocrítica y cambiar lo que toca. Pues vamos a ello.

Acabamos leyendo el partido, también sabíamos que el tiempo jugaba a favor nuestro. Aunque esto no quita de que hay sesiones y módulos que tienen que ser rediseñados y profesores que deben ser substituidos, ya está decidido. El dibujo general del programa tiene que evolucionar mucho, ya está pensado y concretado. También debemos elevar el listón de los criterios de admisión, aunque eso implique trabajar con un grupo menor. Quizás signifique “renunciar” a mayores ingresos, pero no se puede ser miope, hay que tener equilibrio y un grupo menor suele tener un gran correlación con la mejora de la satisfacción de todos los implicados y acaba redundando en la reputación futura del programa.

En este Master se nos podrá acusar de muchas cosas, pero en cada una de las cinco ediciones hemos incorporado mejoras y cambios, tanto como ha demandado la rápida evolución de la realidad y la mayor exigencia. Anticiparse no es sencillo. Los ciclos académicos y estar a la última, no combinan bien. Esto no significa abrazarse al último hype. Este es un programa de marketing avanzado, no una boutique de freaks. Me recordaba una exalumna, que ha realizado los módulo de upgrade a master, que en las primeras ediciones, cuando en una lejana sesión de hace años, les obligué -como ejercicio de clase- a darse de alta en Facebook me miraron como a un marciano o un freak.

En el Master no somos perfectos, pero sí tenemos la perspectiva del programa y de cómo evolucionan los participantes a lo largo de él. De cuáles son las curvas emocionales y racionales. Por eso, me alegré, pero no me sorprendí cuando asistí a la presentación de las tesinas y vi el excelente nivel demostrado. Aunque esperado, no por ello debo de dejar de felicitar(nos) por el excelente nivel alcanzado, cumpliendo con la tradición de subir un peldaño respecto a la edición anterior.

Mi reconocimiento personal y admiración sincera:

A Marcos Luengo y a su equipo de ActivoTrade, por cómo convirtieron una agencia de valores en algo diferenciado y atractivo para el público menos experto.

A Toni Martí y su equipo Vueling 2.0, por el extraordinario proyecto desarrollado que, sin duda, yo ubicaría a nivel de excelencia profesional. Desde luego un modelo a seguir.

A Marc Cortés y a su equipo, por cómo solucionaron de forma quirúrgica gran parte de los problemas que tiene Munich en la arena digital. Y lo hicieron con una presentación extraordinariamente clara e inapelable.

A Mònica Alonso y a su equipo MasRiera por trabajar en el proyecto más arduo de los presentados. En el que pudieron resolver el reto de la complejidad, con un completísimo proyecto y resumirlo en menos de 50 minutos, en fondo y forma, de una manera increíblemente exquisita. El uso que hicieron del ppt debería ser caso de estudio.

A Alex Marquina por el emocionante concepto desarrollado por su equipo para Cruz Roja. En un sector como las ONGs donde podría parecer que estaba todo inventado, sorprendieron con un planteamiento tan potente como interesante. Fue el proyecto de las ideas fuerza, contado con una armonía impecable.

A Laura Abascal y su equipo de PortAventura 2.0, por cómo supieron identificar y convertir un problema en un reto, cómo lo solucionaron y –sobre todo- cómo lo contaron, en los mejores 50 minutos (ejem) finales que podía tener este Master.

Una demostración personal y colectiva imposible de realizar antes de empezar el Master. Esa es la prueba del algodón. Esta es la evidencia que sitúa este programa de marketing avanzado entre los mejores de su categoría. Un mérito compartido entre los participantes, el claustro docente y la dirección del programa. Gracias por la oportunidad de aprender con vosotr@s.

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