Pagar en efectivo es un acto casi revolucionario: ‘CloudMoney’ de Brett Scott

Hay muchos intereses creados luchando por controlar el futuro del dinero, es difícil saber a quién escuchar. Si bien los fans de las cripto intentarán convencerlo de que cualquier ‘moneda’ en la que hayan invertido se convertirá en la base de la economía global, los proveedores de pago establecidos (desde bancos y compañías de tarjetas hasta gigantes fintech como PayPal) también hacen grandes esfuerzos para convencernos de que el efectivo es una reliquia innecesaria del pasado, y que una sociedad sin efectivo es inevitable e incluso ‘liberadora’.

Es necesario tener criterio propio al respecto entre las diferentes posiciones. Hay una gran cantidad de lectura al respecto desde múltples águlos. Algunos los he referenciado: ‘Del Oro al Bitcoin’ de Nik Bathia, ‘Paper Money Collapse’ de Detlev Schlichter, ‘El futuro del dinero’ de Eswar Prasad, ‘El triunfo del dinero’ de Niall Fergurson o ‘The Price of Tomorrow’ de Jeff Booth.

Correspondía una mirada diferente, alternativa al pensamiento qui´zas mainstream. Por eso el último libro de Brett Scott, Cloudmoney: Efectivo, tarjetas, criptomonedas y la lucha por nuestras carteras, que proporciona una guía esencial para los actores que intentan desplazar el dinero en efectivo y las fuerzas sociales más amplias que los impulsan, al tiempo que presenta una defensa muy necesaria de los humildes billetes y monedas.

Scott quizás esté en una posición única para ofrecer una visión general equilibrada de las ‘tribus’ que compiten por el control del sistema monetario. Ha pasado muchos años en el mundo de las finanzas corporativas como trader y se codeó con tecnócratas en la ONU, la UE y el FMI. Pero también ha estado en la base de las rebeliones monetarias contra estas instituciones. Fue uno de los primeros en adoptar Bitcoin, y lo usó como medio de pago antes de que se convirtiera en un activo especulativo. En el fondo, es un antropólogo cuyo instinto es investigar y ‘intercalar’ culturas aparentemente dispares.

En defensa del efectivo

Scott construye conceptos y metáforas que ayudan a los lectores a navegar por el complejo mundo del dinero y las finanzas. Hay argumentos convincentes en su comparación entre el sistema de caja y otras infraestructuras análogas que de otro modo no querríamos que desaparecieran, como los carriles para bicicletas paralelos a las carreteras y las escaleras de emergencia en los rascacielos.

Al igual que la analogía de la bicicleta de Scott, el dinero en efectivo es una tecnología que, a pesar de su construcción analógica, tiene beneficios que las alternativas de «alta tecnología» no pueden igualar. Cuando usa una tarjeta para pagar al cajero que se encuentra frente a ti en una tienda, este proceso aparentemente simple requiere la participación de varias capas de intermediarios (incluidas las compañías de tarjetas, los proveedores de terminales de punto de venta, los bancos) que interactúan a través de centros de datos en diferentes partes del mundo, todos extrayendo tarifas y recolectando datos de la transacción. Mientras tanto, la simple entrega de billetes y monedas permite la liquidación final instantánea de una transacción entre pares, sin tarifas ni generación de datos de usuario.

Sin embargo, la guerra de propaganda contra el efectivo nos ha convencido a muchos de nosotros de que estas formas de dinero emitidas públicamente son reliquias ineficientes del pasado. Por lo tanto, puede sorprender a muchos que el efectivo siga siendo un medio de pago mucho más barato que la tarjeta, como muestran los datos del Banco de Pagos Internacionales. Incluso en los países europeos con menos efectivo, incluido el Reino Unido, el costo marginal de una transacción es entre un 50 % y un 150 % más alto para las tarjetas que para el efectivo. La mayor parte del costo de las tarjetas son los cargos por servicio pagados a los proveedores de pago.

Estas tarifas las pagan los comerciantes y, por lo general, se ocultan al usuario en países como el Reino Unido, donde las empresas ya no pueden cobrar por el uso de la tarjeta, pero los costos se transfieren a los clientes a través de precios más altos. Por lo tanto, las personas que usan efectivo se encuentran subsidiando los pagos con tarjeta.

Los altos costos de los pagos con tarjeta no se deben a que los pagos digitales sean inherentemente menos eficientes que el efectivo. Es porque es mucho más difícil extraer renta económica del dinero en efectivo.

A pesar de los avances tecnológicos y de mayores economías de escala, el coste de los pagos con tarjeta no ha conseguido bajar como cabría esperar. La razón de esto son los altos niveles de concentración del mercado en los pagos, dominados por proveedores como Visa y Mastercard. Mastercard se enfrenta actualmente a una demanda colectiva de £ 10 mil millones, que argumenta que a los adultos británicos se les deben cientos de libras por pagar la factura de las tarifas excesivas de las compañías a través de precios más altos.

Quizás la razón principal por la que tanta gente no está preocupada por la disminución del efectivo es porque parece más una cuestión de cambiar las preferencias tecnológicas que de poder.

Es posible que pocos se den cuenta, pero el dinero en su cuenta bancaria no es simplemente un equivalente digital del efectivo físico. Mientras que los billetes y las monedas son formas públicas de dinero emitidas por el estado, los depósitos bancarios son formas privadas de dinero emitidas por los bancos comerciales cuando otorgan préstamos.

La convertibilidad con dinero público libre de riesgo es lo que sustenta la aceptabilidad de estas formas privadas de dinero. Dado que es emitido por el estado que no puede quebrar, se aceptará un billete como medio de liquidación de transacciones. Pero sin acceso a una forma digital de dinero público, tenemos que depender de los bancos comerciales, que tienen acceso a las reservas del banco central emitidas públicamente a través de sus cuentas en el Banco de Inglaterra para realizar pagos. Esta dependencia otorga a los bancos enormes cantidades de poder. Son capaces de decidir a dónde va el dinero nuevo en la economía a través de sus préstamos, pero son rescatados (como vimos en 2008) cuando sus préstamos fracasan, ya que los necesitamos para hacer pagos.

Pero como expone Scott, no son solo los bancos a los que estamos entregando poder en una sociedad sin efectivo. Una gran cantidad de compañías de tarjetas y gigantes tecnológicos compiten por obtener su parte de la red de pagos privatizada.

La gentrificación de los pagos

Otro concepto útil expuesto por Scott es la ‘gentrificación de los pagos’, siendo la gentrificación la vanguardia de la ‘filtración corporativa’: «el proceso mediante el cual las relaciones económicas entre pares, previamente informales y directas se reemplazan por relaciones mediadas institucionalmente».

El papel que ha desempeñado históricamente el sistema de efectivo como una opción de pago público y gratuito, y su accesibilidad universal, significa que el efectivo ha sido naturalmente una forma de dinero de la ‘clase trabajadora’.

El uso de dinero en efectivo no puede descartarse como una simple cuestión de geografía o ‘demografía’ amplia, sino también como una cuestión de clase. Cualquiera que piense que el efectivo es simplemente una reliquia para las poblaciones de edad avanzada en las zonas rurales, pero no para una ciudad ‘nativa digital’ como Londres, no ha prestado suficiente atención. Si bien puede ser un cliché trillado recurrir al arquetípico ‘café hipster’ como símbolo de la gentrificación, ilustran con demasiada facilidad el punto de Scott. Caminando por la calle principal de mi cualquier ciudad importante, es difícil no notar el contraste entre los cafés adinerados que cobran más de 3€ por un café con sus carteles que promueven pagos sin efectivo, y las tiendas de barrio con sus carteles que declaran «solo efectivo». Como dice Scott, “El auge de los pagos digitales corre paralelo al proceso de gentrificación».

Sabemos que el uso de efectivo es más bajo entre aquellos con mayores ingresos y educación. Las instituciones que se están quedando sin dinero en efectivo están dejando en claro a quién deben atender, y muestran que quieren excluir activamente o simplemente no piensan en los tipos de personas de orígenes diferentes a los suyos que usan dinero en efectivo.

Scott toma una postura importante contra la narrativa de la «inclusión financiera», que dice que los usuarios de efectivo deben ser rescatados de su inercia y llevados a los sistemas digitales. ¿Deberíamos rechazar tal paternalismo y, en cambio, celebrar la negativa a no movernos eficientemente con los ritmos del capital?

El objetivo de Scott con Cloudmoney no es idealizar el efectivo en sí mismo, sino defenderlo como una fuente necesaria de fricción que ralentiza la expansión implacable del capitalismo corporativo financiarizado y su impulso para convertir todas las relaciones sociales en una oportunidad para extraer rentas.

El dinero en efectivo nos permite forjar espacios de autonomía social, donde podemos tener relaciones económicas orgánicas sin depender de sistemas fuera de nuestro control y el permiso de intermediarios. La difusión de pagos que no son en efectivo busca colocar intermediarios en el camino de las relaciones humanas no para extraer ganancias inmediatas, sino para capturar puntos de apalancamiento para obtener más poder. Sin dinero en efectivo, cualquier evento social subversivo, ya sea un rave ‘clandestino’ o una recaudación de fondos para el activismo climático disruptivo, no puede llevarse a cabo sin la participación de Visa, Mastercard, Worldpay, Barclays o HSBC.

El caso del verdadero efectivo digital

Puede ser tentador considerar las criptomonedas como un medio para luchar contra un sistema de pago construido sobre los hombros de los grandes bancos. De hecho, Bitcoin se concibió originalmente como un «sistema de efectivo electrónico de igual a igual». Pero como detalla Scott, una guerra entre aquellos que querían que la moneda se mantuviera como ‘dinero digital’ y aquellos que querían que se convirtiera en ‘oro digital’ vio ganar a los amantes del oro digital, y Bitcoin, como el oro, se ha convertido más en un activo especulativo. que los medios de pago. Pero la razón por la que es poco probable que las criptomonedas desplacen a las monedas ‘fiduciarias’ como el dólar o la libra es por su incapacidad para llevar a cabo lo que probablemente sea la función más importante del dinero, como un ‘medio de cuenta’. En pocas palabras, muy pocos precios están denominados en criptomonedas. Como revela Scott a través del concepto de comercio compensatorio.

La razón principal por la que usamos monedas fiduciarias es simplemente porque este es el precio de los bienes y servicios que necesitamos, posiblemente impulsado por el hecho de que los estados exigen el pago de impuestos en estas monedas. Sin embargo, ¿qué sucedería si las corporaciones globales con importantes poderes para fijar precios comenzaran a fomentar el pago en su propia forma de dinero? ¿Y si pudieran aprovechar los poderosos ‘efectos de red’ para escalar rápidamente? Esta es una perspectiva que ha surgido a través de las ‘monedas estables’ corporativas, como el ahora desaparecido proyecto Diem (anteriormente Libra) de Facebook.

Preocupados por el riesgo de que las corporaciones globales obtengan el control total del sistema monetario, los estados de todo el mundo, desde Suecia hasta China, están acelerando los esfuerzos para introducir una nueva forma de dinero público, en forma de moneda digital del banco central (CBDC). Una CBDC podría tener un potencial transformador tanto a un nivel más «micro», como reducir los costos de los pagos y aumentar la inclusión financiera, como a un nivel más macro, como facilitar los pagos directos del estado a los hogares (como una RBU o Renta Básica Universal). como la socialización de la inversión.

Sin embargo, Scott parece más escéptico y argumenta que una CBDC sufriría los mismos problemas que ha ilustrado para las formas privadas de dinero digital, como la vigilancia y la censura, pero por parte del estado. Si bien admite que las CBDC podrían diseñarse de una manera que las haga más parecidas a «dinero digital», dedica poco tiempo a explorar los esfuerzos para construir un equivalente digital genuino que comparta los mismos beneficios de los billetes y monedas que ensalza su libro.

Si bien técnicamente no es una CBDC (sería emitida por el Tesoro de los EE. UU. en lugar del banco central), la Ley de moneda electrónica y hardware seguro (ECASH) que se presenta al Congreso de los EE. UU. proporciona un modelo para ser replicado. Al igual que los billetes y las monedas, ECASH sería un instrumento al portador, con propiedad validada por posesión, en lugar de verificación de identidad. Esto significa que, al igual que el efectivo físico, no requiere una identificación o cuenta para usar, lo que permite que se use entre pares sin ningún intermediario para autorizar la transacción (y, por lo tanto, sin tarifas) y sin generar datos de usuario. El hardware seguro significa que incluso se puede usar sin conexión.

Como bien ilustra Cloudmoney, primero debemos proteger el efectivo para defendernos del avance implacable del capitalismo corporativo, pero también debemos desarrollar nuevas armas que debiliten las fuentes de poder de las grandes tecnologías y de las grandes finanzas. Ya sea físico o digital, necesitamos efectivo.

Conclusion de CloudMoney: “Pagar en efectivo es un acto casi revolucionario”.

Cloudmoney es un libro oportuno y absorbente sobre el dinero, cómo lo utilizan los bancos y las organizaciones de tecnología financiera para atraer al consumidor y por qué el efectivo parece ser el único obstáculo en su búsqueda de la supremacía.

Este es un trabajo bien escrito que describe de manera excelente las numerosas formas de «dinero» digital, cómo los bancos (incluidos los bancos centrales) están trabajando para hacer que el efectivo sea obsoleto y por qué lo hacen.

Es un libro recomendanle para cualquiera que esté interesado en saber cómo el mundo está siendo dominado rápidamente por las grandes corporaciones, desde Estados Unidos hasta China, que explotan el poder de Internet y la colectivización de la información para obtener ganancias masivas y controlar a las personas que se convierten en simples forraje.

No es un libro alentador. El efectivo parece estar condenado al fracaso y las ilusiones no abundan, ya que el poder de la corporación en los países avanzados parece demasiado fuerte. Como afirma Brett Scott: “En la actual fase del capitalismo, pagar en efectivo es un acto casi revolucionario”.

Foto de Reynaldo #brigworkz Brigantty

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