Foxize se transforma ¿Nos acompañas con Foxize Cloud?

Desde nuestro nacimiento hace más de siete años, hemos mantenido nuestro compromiso con el lifelong learning y su impacto. Creemos firmemente que la formación continua es una de las mejores palancas para mejorar la empleabilidad de las personas.

Siete años dan para mucho. Más de 4.000 sesiones de formación impartidas a cerca de 70.000 participantes. Más de un centenar de proyectos de formación corporativa. Con un catálogo que hace tiempo superó los mil cursos y un claustro docente de más de trescientos docentes.

Como te decía, en siete años hemos aprendido muchas cosas. Incluso hemos validado  alguna hipótesis. Después de darle muchas vueltas, ha llegado el momento de focalizar más el negocio. Priorizar. Siempre comprometidos con el aprendizaje continuo, pero con un rol distinto con el que creemos tener un alcance e impacto mucho más relevante.

¿Cuáles son las renuncias? Foxize dejará de operar directamente los cursos presenciales en abierto y nos vamos a enfocar 100% en formaciones B2B -para empresa-.

¿Cuál será nuestro foco? ayudar a construir entornos de aprendizaje que potencien la formación. Lo hacemos pensando en todos los ámbitos y para personas de cualquier condición. Y no solo pensamos en empresas y organizaciones, también pensamos en docentes, interesados en impartir formación. Ya sea presencial o online.

Nuestra apuesta es Foxize Cloud, que acabamos de estrenar en formato auto-aprovisionado y que cuenta con todo nuestro know-how tecnológico para que empresas, escuelas o formadores como tú puedan crear de forma rápida y fácil su propia plataforma de formación para sus cursos presenciales y/o online.

Foxize Cloud es un SaaS (o Software-as-a-Service). Un tipo de soluciones que lleva con nosotros hace mucho tiempo. Básicamente se trata de un servicio basado en la web, es decir, que el software y los datos se alojan en servidores del proveedor y se accede con un navegador web a través de Internet. Hay numerosos ejemplos de uso cotidiano de SaaS como son Google Docs, Dropbox, Gmail…

Desde hace años, una proporción muy significativa de organizaciones están utilizando el SaaS para aportar soluciones en diversos ámbitos del negocio (relación con clientes, cadena de suministros, etc.).. ¿Qué significa esto? Permite enfocarse a la parte decisiva en creación de valor y diferenciación: el conocimiento, el contenido y su capacidad docente… y olvidarse de la infraestructura tecnológica que da un SaaS experto.

Las ventajas son numerosas, pero se pueden resumir en:

  • Reducción de costes, no requiere inversión inicial. Tampoco requiere compromisos de permanencia
  • Fácil uso y configuración intuitiva.
  • Reducción de tiempo: se puede activar en pocos minutos
  • Accesible en cualquier lugar, momento y dispositivo
  • La empresa centra sus esfuerzos en su negocio, no tiene que preocuparse por la tecnología, ni del mantenimiento, ni de la seguridad
  • Es adaptable y escalable. Desde comunidades reducidas a alto tráfico, puntual o sostenido.
  • Es de arquitectura abierta, es decir tiene la API abierta para que pueda interoperar con sistemas que también hayan cultivado esta misma visión.

Nunca fue tan fácil crear tu propia escuela. Si quieres descubrirlo: https://www.foxizecloud.com/

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Empresas en la economía del propósito

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La visión actual de muchos de los millennials es distinta a la de generaciones anteriores: hay pesimismo ante la política, quieren trabajar para empresas que generan impacto positivo y en ellas estarán más tiempo. Así pues, el reto empresarial de nuestro tiempo es crear un trabajo con propósito. No es una afirmación mía (The business challenge of our time is creating meaningful work) es una poderosa realidad de nuestro contexto sociológico que viene de lejos. Ya en 2010, la publicación de ‘Mentoring Millennials’ en la Harvard Business Review adelantaba que es la generación más concienciada socialmente desde los años 60.

Frederix Laloux (‘Reinventar las organizaciones’) empieza preguntándose si “es posible que nuestra visión actual del mundo limite la forma en que pensamos las organizaciones, ¿podemos inventar una forma de trabajar juntos más poderosa y más significativa si cambiamos nuestro sistema de creencias?”.

Este nuevo contexto implica una nueva etapa evolutiva del mundo empresarial, su pensamiento y su paradigma organizativo. Esta nueva conciencia, apunta Laloux, nos obligará a “domesticar nuestro ego y buscar nuevas formas de ser más auténticas e íntegras”.

¿Moda o cambio sistémico?

Realmente no sé si estamos ante el penúltimo intento de adaptación del capitalismo o que en realidad ya estamos metidos en la nueva etapa de postcapitalismo propugnado por Paul Mason (Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro). Lo que parece evidente es que los millenials ya han cambiado el chip (Young People Are Really Over Capitalism). Tanto si es la última moda del Management o si se trata de una evolución sistémica, el contexto social existe y las organizaciones están evolucionando.

Como apunta Guillermo Echegaray (‘Empresas con alma, empresas con futuro’) hace años utilizar palabras como felicidad, sentimientos, alma, liderazgo espiritual, refiriéndolas al mundo de la empresa eran prácticamente una herejía. Ahora, en cambio, están de moda. A la vista está: la inteligencia emocional es citada por todos los gurús del management; en Harvard, el curso sobre la «mayor felicidad» del Tal Ben Shahar es el más concurrido de la universidad;  O incluso, los Srs. Michael Porter y Mark Kramer son capaces de acuñar el nuevo invento de la “Creación de Valor Compartido” (shared value) y así poder hacer más negocios con su consultoría y vender sus libros.

O sea que, aunque a regañadientes o con intereses espurios, parece que el ser humano se va dando cuenta de que el negocio no es solo negocio y que lo que hacemos en nuestras empresas y proyectos no puede estar reñido con el planeta y el ser humano que en él vive.

Empresas con alma

Es complejo definir qué es el alma de la empresa. Como afirma Xavier Marcet (Empresas con alma) “No sabemos qué es el alma de una empresa, pero detectamos cuando el alma ya no está”. De la misma forma, estaremos de acuerdo en la afirmación que las empresas que sobreviven “tienen alma”.

Aunque la empresa, continua Xavier, “es un ecosistema complejo y frágil”, coincidiremos que es algo más que un lugar dónde ir a trabajar, y también es más que un sistema para vender – producir – cobrar. Quizás no todas, pero reconocemos algunas empresas que son mucho más que eso. Empresas que se reconocen en un porqué, en un propósito que va más allá de una cuenta de resultados.

Reconocer esa alma, los caminos que sigue y los principios -sistémicos- que la regulan es lo que ha desarrollado Guillermo Echegaray (‘Empresas con alma, empresas con futuro’). Se equivoca quien piensa que el término «alma» es algo etéreo e irreal. El alma tiene que ver con las conexiones, con las personas, con la forma en que todo lo que pertenece a la organización está ajustado, interrelacionado y en orden. Tiene que ver con su día a día y la confianza que se genera. Y no está demás, recordar que la confianza es un sentimiento, no una instrucción, no podemos decirle a la gente que crea en nosotros, no funciona de esa manera. La confianza no se puede acelerar, es una experiencia humana. De la misma forma que es imposible enamorarnos más rápido, es preciso tener paciencia con los empleados o nuestros clientes. 

La implicación del empleado

Y en el cambio de prioridad fuera (cliente) dentro (empleado) estriba una de las esencias de las empresas alineadas con la economía del propósito. Como cuenta Laloux “hay un giro de los criterios externos a los criterios internos en la toma de decisiones.  ¿Estoy siendo fiel a mí mismo con esta decisión?, ¿está alineada con lo que siento que estoy llamado a ser?”.

La motivación de los empleados es fundamental. Su implicación es, hoy en día, uno de los mayores retos de las empresas en la economía del propósito. Son precisamente aquellas de mayor compromiso con el bien social las más atractivas para ellos: los más fieles y productivos serán los que compartan los valores de su organización, más allá de los simples beneficios económicos. Pero no sólo los trabajadores, los consumidores, los socios y los organismos reguladores, también los inversores van reconociendo paulatinamente su importancia. Como anticipa Laloux, pronto se reconocerá la interdependencia entre ello y el éxito empresarial.

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Pasarse a ebooks: motivos, ereaders y plataformas de lectura digital por suscripción

Cada año cuando se acercan las vacaciones tengo el mismo “problema”. ¿Cuántos libros me llevo? No solo es cuestión de peso y volumen, también de acertar con la elección o no. Y cada año por esta misma época, suelo hacerme la misma pregunta ¿cuándo me pasaré a los ebooks?

Reconozco que no es mi primer intento. De hecho, es el tercero. Desde mi primer modelo Papyre 6.1 de Grammata, ha llovido mucho. Unos ocho años. No cuento el iPad porque para mi nunca fue una opción cómoda.

Empecemos por mi perfil de lector. Me decanto claramente más hacia la no-ficción que la ficción. Aproximadamente la relación media es unos quince libros/año de no-ficción y unos tres de ficción. También soy de los que tiene la mesita de noche atiborrada de libros, que puedo leer varios simultáneamente, siempre con lápiz y post-its a mano, que los abandono sin remordimientos y después los recupero (o no).

¿Las razones para pasarme al ebook? ¿El para qué? empiezo a considerar lo del minimalismo vital, para tener menos en propiedad y poder centrarme en lo que realmente importa. Y algo menos trascendental: porque quiero (necesito) leer más ficción, con el único propósito de pasarlo bien y relajarme.

A continuación, os cuento mi experiencia, las decisiones y algunas sensaciones.

Primero, el dispositivo:

  • Requerimientos: baja inversión (después de mis experiencias fallidas, tampoco se trataba de hacer la gran inversión), ligero y ergonómico, pantalla y resolución (pantalla táctil de 6’’, tinta digital), memoria ampliable con tarjeta SD, Wifi y batería digna, y sin obligaciones de sistemas propietarios. Además de los extras como de subrayados y marcadores, time to read, navegación web o diccionario integrado. Sin olvidar los formatos compatibles*
  • Opciones eReaders: de entrada, no me gustan las imposiciones (dispositivo + servicio de suscripción). Por “ideología” descarto el Kindle de Amazon, siendo las opciones que consideré seriamente: Tagus (compatible para audiolibros), Energy eReader Pro (lleva sistema Android que permite instalar fácilmente aplicaciones) y BQ Cervantes 4
  • Mi elección: finalmente me decanté por el Cervantes 4 por mejor tecnología (luz adaptativa en pantalla) a igualdad de precio por 139€

Segundo, suscripción ¿sí o no?

  • Llegamos a la madre del cordero. Ya adelanto que puedes sobrevivir sin sistema de suscripción. El dilema está claro. La primera es si hay alternativas sin pasar por caja. Las hay. Puedes conseguir (legalmente) mucha bibliografía gratuita o buscar alguna de las bibliotecas con sistema de préstamo de libro. ¿De pago? Por supuesto. Puedes pasar por caja en cada ebook que quieres leer o suscribirte a alguno de los servicios existentes.
  • Las opciones de suscripción: Esto es como suscribirse a Netflix, HBO, Filmin, etc o dedicarse a “buscar” por la red tus series preferidas. Estas plataformas no tienen todos los libros, pero su oferta no te la acabas nunca. Pagas para acceder a lectura del ebook, no para quedártelo. Muy importante que no tengan compromiso de permanencia ¿Opciones? Hay muchas referencias (ver 7 plataformas de lectura digital por suscripción para devorar libros electrónicos) como por ejemplo: Kindle Unlimited, Nubico (de Telefónica y Círculo Lectores/Planeta), Tagus (Casa del Libro/Planeta), Kobo (Rakuten), 24symbols, Skoobe, Scribd, Nube de Libros,..
  • Mi elección (de momento): Nubico por 8,99€/mes. Respecto a su oferta, es amplia. No obstante, diría que hay un sesgo hacia lectura con perfil femenino/joven. Algo nada casual porque coincide con el perfil característico de lector/a de libros en tiempo libre en formato digital: más femenino, joven y con mejor nivel formativo (Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros 2017)
  • Mis sensaciones: a estas alturas uno cree que la publicación en formato digital tendría que ser paralela al papel. Pues no. Cuesta creer que se publique tan poco libro digital en castellano, quizás debido a su -todavía- baja cuota del mercado digital en España, representando un 11% aproximadamente.

¿Razones para pasarse a libro digital?

  • Ocupar menos espacio, menos peso
  • Más ergonomía. Adaptas la experiencia de lectura a tu gusto (luz, tipo de letra, tamaño). Si intentas leer un libro de 1000 páginas o una edición de bolsillo, lo entenderás.
  • Más económico que el papel (entre un 30% y 60% más barato) aunque los lectores digitales tenemos que seguir pagando un 21% de IVA mientras que el mismo libro en papel tributa al 4%.
  • Más ecológico
  • Préstamo de Ebooks en bibliotecas (proyecto eBiblio)
  • Leer en idiomas que no domino, con diccionarios incorporados

¿Y después qué?

Evidentemente que no voy a abandonar el libro de papel, pero es la primera etapa del ‘plan minimalista’. El siguiente será reducir el número de libros que almacenamos en casa, la mayoría de los cuáles no voy a releer, para darles una nueva vida. Seguiremos.

(*) Sobre la amenaza de los formatos: Aunque tu lector de ebooks soporte varios tipos de formatos, existe un programa denominado Calibre con el cual puedes convertir casi cualquier formato a uno de los que tu dispositivo pueda leer. He trasteado con un formato Kindle (para pasarlo a epub) y no ha sido complicado.

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Monopolios digitales ¿hasta cuándo?

Los Google, Facebook, Amazon, Apple son los monopolios digitales. Representan, en palabras de Robert McChesney en ‘Desconexión digital’, la mejor demostración de capitalismo monopolista en que se ha convertido en Internet. Convertido mayoritariamente en un instrumento de acumulación para el gran capital, la creación y desarrollo de mercados cerrados, propietarios e incluso monopolísticos, y un intento de control sobre las sociedades contemporáneas. El negocio de estos gigantes digitales se centra en establecer sistemas propietarios, en los que controlan el acceso y los términos de la relación.

Existe una minoría de ricos y probablemente una de las cuestiones que menos se menciona es la peligrosa concentración de dinero y poder. Lo de Jeff Bezos como hombre más rico del mundo no es una anécdota.

Peter Thiel, fundador de PayPal y uno de los personajes más venerados por el mundo emprendedor, defiende sin rodeos la búsqueda de nuevos monopolios creativos o digitales. De hecho, aconseja que “si se quiere crear y capturar valor de manera perdurable, no se cree un negocio indiferenciado de productos básicos, y se cree un monopolio que permita establecer sus propios precios, pues, bajo competencia perfecta, en el largo plazo, ninguna compañía percibe beneficio económico relevante”.

También argumenta que estos monopolios ofrecen a los clientes nuevas opciones que antes no existían, hasta el punto de afirmar que son poderosos motores que ayudan a la sociedad a mejorar. La historia del progreso es, según su perspectiva, una evolución de negocios monopolísticos cada vez mejores que van reemplazando a los titulares de monopolios anteriores. Por tanto, según Thiel, el monopolio no debe considerarse como una patología o una excepción, sino la condición de todo negocio de éxito. En el que el ganador se lo lleva todo. ¿Qué es ese “todo”?

Mientras esto pasa, las grandes ciudades se pelean -literalmente- para que las grandes empresas instalen algún centro de trabajo en su ciudad. Generan riqueza, aunque no sé si muy bien distribuida, y también crean empleo. Muchas veces cualificado (centros de desarrollo, investigación…), otras simplemente empleo (almacenes, logística, soporte telefónico,.).

Todo esto tiene luces y sombras. Que estos grandes colosos digitales aprovechen las industrias ineficaces me parece bien. Pero como dice Douglas Rushkoff, que se apropien de una parte sustancial de la riqueza ya no tanto. Y mucho menos, que en ese afán desproporcionado de crecimiento no devuelvan a la sociedad casi nada de lo que le quitan.

Es cierto que estos reinados digitales son temporales. Como apunta Javi Creus, los monopolios digitales son solo una fase transitoria de la explosión digital. “Es normal que en una fase de expansión las especies invasoras ocupen todo el terreno y sirvan de punta de lanza para el desarrollo de un ecosistema más diverso y complejo. A medida que las organizaciones se hacen más grandes también se hacen más vulnerables, y la velocidad de cambio es realmente grande. Olvidamos frecuentemente que Google fue el 17 entre los grandes buscadores, que Yahoo perdió su posición de un día para otro o que Microsoft e Intel no supieron subirse a la revolución móvil”.

La pregunta quizás no sea ‘hasta cuándo’ sino ¿hasta cuándo podremos aguantar?

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