Búnqueres, secretos y errores históricos

Este pasado fin de semana estuve de turismo rural por los Pirineos. En concreto por las comarcas del Alt Urgell y Cerdanya. Una de las actividades programadas fue la visita al Parque de Búnqueres de Martinet. Diferente e interesante propuesta para conocer de primera mano la historia de la Línea P (o línea de los Pirineos) una “línea defensiva que tenía que impedir que los aliados invadieran España cruzando los Pirineos”.

A través de un interesante montaje museístico y audiovisual, con un circuito exterior guiado por el interior de algunos búnqueres, experimenté y entendí eso que llaman un tiempo de guerras, con el relato de un extravagante proyecto iniciado por Franco durante los años 40. Una iniciativa que pretendió emular a pequeña escala la -célebre y también inútil- línea Maginot.

En este caso todavía peor, por cuanto la tecnología y la inteligencia militar de la época ya evidenciaban, que era mucho más factible atacar por aire o por mar, por lo que la construcción de ese tipo de instalación militar era totalmente absurda.

Las paranoias de la dictadura, en gran parte provocadas por el contexto hostil hacia los regímenes fascistas, provocaron que el régimen franquista se enfrascara en un proyecto faraónico que tenía previsto construir 10.000 búnqueres a lo largo de los Pirineos, desde el cabo de Creus hasta el País Vasco.

A la inutilidad de la iniciativa se unía el coste de esta obra de enorme envergadura, en la que participaron más de 12.000 militares y en la que era difícil de soportar (y de justificar) en un país devastado aún por la guerra civil.

Afortunadamente, el fervor hacia el proyecto que ya nació como un anacronismo y la demostración de la escasa capacidad estratégica del régimen, fue congelado al cabo de unos años. No obstante, eso no impidió que se siguieran con las labores de mantenimiento de los 4.500 búnqueres construidos hasta… ¡principios de los años 60!

El proyecto estuvo durante más de sesenta años envuelto por el secreto militar y no fue hasta principios de los años noventa cuando se consiguieron desclasificar los documentos relativos al proyecto.

Nos comentaba el guía, que en la recuperación y recopilación de la información de ese episodio de nuestra “memoria histórica”, han participado muchas administraciones, entidades y personas, incluidos importantes mandos militares, en activo o jubilados.

Alguno de ellos, a lo largo del laborioso proceso de desclasificación del gran secreto militar, ironizó que “para mandar a miles de soldados a la guerra bastaba con reunir unas pocas firmas en unos pocos días, pero para desclasificar un secreto militar de mediados del siglo pasado…se han precisado 17 años”.

El conocimiento y experiencia de este episodio histórico es toda una demostración que algunos proyectos nacen desenfocados o directamente muertos. La magnitud del proyecto y los recursos invertidos, para nada son garantía de éxito.

Los errores oficiales todavía son peores que los particulares. Hay ejemplos ilustres, por ejemplo el ancho de vía férrea en España, aunque eso no fue culpa de Franco, sino de los ingenieros de Isabel II, un siglo antes.

La leyenda dice que fue una decisión militar para que los trenes franceses no pudieran entrar en España (la invasión napoleónica había ocurrido apenas 30 años antes), pero otros apuntan que sólo fue un error de cálculo que todavía seguimos pagando un siglo y medio más tarde.

Sean errores de bulto o estrategia planificada, sabemos que cuesta infinitamente más enmendarlos. Allí está el costosísimo retraso para llevar el AVE a Barcelona o el inexplicable y permanente error de obviar el “corredor ferroviario del Mediterráneo”.

Quizás algún día conoceremos la historia oculta de esas decisiones, como los búnqueres de la línea de los Pirineos.

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