Las 10 ideas esenciales del libro ¿Libres o vasallos? el dilema digital

libres o vasallos cubiertaLa tecnología y la digitalización tienen más protagonismo del que imaginamos. No siempre ha sido así. Ahora nos encontramos en un punto de inflexión histórico que afecta a todos los ámbitos de nuestras vidas. Con amenazas reales (inseguridad, pérdida de privacidad, monopolios digitales, capitalismo agresivo, educación y sistema energéticos obsoletos,.). Si nos dejamos llevar por la inercia, será irreversible y acabaremos siendo vasallos.

Pero también hay enormes oportunidades gracias a la tecnología. Hay que empoderarse, para tomar decisiones conscientes y poder aprovechar la parte positiva que promete el mundo digital, atenuando los riesgos y construir el mundo que queremos. Siendo más libres.

  1. La tecnología modifica profundamente el capitalismo, haciéndolo más agresivo. Hay que apostar por la tecnología aliándose con las personas, ayudándonos a pasar de la propiedad a la colaboración y del «yo al nosotros». Iniciando una nueva etapa, más ética y sostenible. Donde el PIB no sea el indicador importante de salud de una economía, ni los beneficios económicos el único indicador de éxito de una empresa.
  2. Lo que nos hace humanos es nuestra capacidad de colaborar y una inteligencia que tiene en cuenta el contexto, y por tanto que es «capaz de romper las normas». La tecnología permite que las personas puedan dedicarse a tareas en las que aportan más valor. La tecnología al servicio de las personas y no al revés.
  3. La ubicuidad de la informática en nuestras vidas nos hace mucho más vulnerables que nunca. La mejor manera de protegerse es mediante el conocimiento, y adoptar nuevas rutinas digitales que contemplen la seguridad como valor imprescindible.
  4. La relación entre la privacidad y la democracia es indiscutible, así que el peligro atenta también contra el futuro de la sociedad en su conjunto.
  5. Las energías renovables tienen un gran potencial democratizador y podrían permitir la generación descentralizada de energía. La gestión de residuos, la reducción del consumo y la reutilización de artefactos, serán los ámbitos esenciales que garantizarán nuestra sostenibilidad como especie.
  6. La colaboración está presente desde el inicio de la vida humana en comunidad. Con todo, en los últimos años Internet ha facilitado la extensión de la colaboración en todos los ámbitos: compartir conocimiento, evolucionar el código abierto hasta consumir de forma colaborativa.
  7. La incorporación de más mujeres en la elaboración de la tecnología será beneficioso para todos. Esta incorporación se realizará desde los intereses de las propias chicas.
  8. La educación debe cambiar con urgencia para preparar personas que puedan sobrevivir en un mundo incierto y cambiante. El aprendizaje basado en las capacidades, la creatividad y la resolución de problemas. El aprendizaje de la programación se incorporará de forma esencial en los currículos académicos de los chicos y chicas
  9. La evolución de simple usuario a maker, nos permitiría abrir la caja negra, y así conocer por dentro la tecnología y poder tomar decisiones con sentido desde la figura de los usuarios. Esto significa un uso inteligente de la tecnología, la colaboración o la sostenibilidad.
  10. El movimiento maker está democratizando el concepto de fabricación, que ya no requiere grandes instalaciones, se hace más distribuida y puede llegar a nivel individual o en mini-fábricas más cercanas al cliente.

El nuevo paradigma digital es un potencial facilitador de un mundo más justo y distribuido. Pero hay que esforzarse y nadar contracorriente. El cambio no vendrá para movilizar la mayoría si no para que personas estratégicas hagan crecer el resto.

Es la hora de cuestionar el orden establecido de las cosas. ¿Quieres ser libre o vasallo?

Es, pues, la hora de tomar partido y actuar.

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Making of del libro ¿Libres o Vasallos? El dilema digital

libres o vasallos, el dilema digitalLa idea de escribir el libro no fue mía, fue de Aina (la co-autora). Era diciembre 2014 en Mataró, en plena conversación de café. De esas conversaciones frecuentes, alrededor del mundo de los makers, en un contexto el que estábamos desarrollando Xnergic. Allí nació todo.

Ninguno de los dos habíamos escrito ningún libro por lo que, a falta de ortodoxia y técnica, tiramos de sentido común e iniciamos el viaje. En algún momento, pasados los meses, reorientamos el propósito del libro. Siguiendo el hilo conductor de la tecnología y lo digital, descubrimos que sea puede entender y explicar casi todo del mundo que nos rodea. Y ese fue justamente nuestro propósito: escribir y compartir el viaje conceptual que estábamos realizando.

El paso de los meses, transformó nuestra curiosidad en preocupación. Lo que íbamos desenredando e interpretando de la lectura de aquellos que saben, hizo más crítica y preocupada, nuestra mirada. Era (es) necesario tomar partido. Así que tras la reflexión quisimos incorporar una llamada a la acción. Es imprescindible comprender el mundo en que vivimos, pero todavía es más importante decidir cómo queremos que sea. Y actuar en consecuencia. Sin dogmatismos, solo por instinto de supervivencia.

Aunque estamos convencidos que el libro está repleto ideas interesantes, escribirlo no era ninguna prioridad. Iban cayendo los meses sin darnos cuenta. Costaba coger el hilo, concentrarse y ser productivo el fin de semana.

En algún momento, tuvimos la feliz idea de cerrar cada capítulo con unas mini entrevistas a personas de referencia. Queríamos enriquecer nuestro trabajo con más matices. Tocaba hacer lista. Algunos amigos, algunos conocidos, algunos primeros contactos. Envío de mails, llamadas, perseguir a la gente…

A finales del 2015 tomamos la decisión de finalizar el libro. Sí, también he descubierto que un libro se puede eternizar. No fue hasta inicio de 2016, pasadas las navidades, cuando pusimos firme determinación de cerrar el libro. A esas alturas, el libro ya había tomado una dirección notablemente distinta, pero mucho mejor, que la idea inicial.

Cerramos el libro a principios de la primavera de 2016 … con lo más delicado todavía sin solucionar: estábamos sin editor. Evidentemente, no teníamos la menor idea de cómo buscarlo. Así que después de consultarlo en la red, decidimos elaborar una lista de editoriales a las que contactar. Aunque no sabíamos qué exactamente. ¿El original? Un resumen? ¿El primer capítulo?

El periplo por las editoriales merecería un post aparte. No me extenderé. Vaya por delante que nuestro conocimiento del mundo editorial era nulo. Así que empezamos por buscar editoriales y seleccionar aquellas que nos parecían más apropiadas … a priori. En total quince contactos reales. Siempre empezando por email. Con un resumen generoso del libro.

De todos los contactos respondieron seis de forma bastante rápida (en semanas). Dos al cabo de muchos meses. Entre los que respondieron, un editor se apiadó de nosotros y accedió a recibirnos. Fueron un par de horas de conversación muy interesante, cuyo resultado fue similar a una ducha de agua helada. Allí fuimos conscientes de lo complejo que es la industria editorial. De lo complicado que es editar un libro y de la vocación que hay que tener para escribirlo. Solo en no-ficción, cada año se publican más de 3000 títulos en el estado español. Y salvo que seas un autor mediático que cuenta sus batallitas, las expectativas de publicar un libro “denso” (con cientos de referencias y más de trescientas páginas como el nuestro) era imposible. Desolación.

En nuestro caso partíamos con un plus de dificultad. Por expreso deseo de Aina, escribimos el libro en catalán, pero con la sana intención de publicar simultáneamente catalán y castellano. ¿Para qué hacerlo fácil?

Teníamos claras tres cosas: que queríamos publicar el libro tal y que nos había apetecido escribirlo, que queríamos hacerlo en dos idiomas y que no queríamos auto-publicarlo. Llámalo orgullo, llámalo osadía del ignorante.

A todo esto, acompañando las primeras respuestas negativas, llegó una respuesta positiva. De entrada, nos pidieron una reducción importante de páginas. Más o menos un tercio del libro. Tengo que reconocer que nos hicieron un favor. Tuvimos que sacar el cepillo y emplearnos a fondo para reducir el número de caracteres. Fue doloroso eliminar algunas páginas, pero el resultado final lo agradece.

En paralelo, esa misma editorial nos envió el borrador del contrato. Y -oh sorpresa!- solo contemplaba la edición en un solo idioma. Pero lo peor y más sorprendente, por qué no decirlo,  “sospechoso”: aceptaban publicarlo sin haber leído el original.

Simultáneamente, llegó la respuesta de Miguel Riera, de El Viejo Topo. Editorial veterana que era desconocida para mí. Llegué a ellos por cosas del destino. Uno de los libros más inspiradores que había leído en 2015 (‘Desconexión digital’ de Robert W. McChesney) y referenciado ampliamente en nuestro libro, había sido editado en castellano por ellos.

Nos pidieron el original y a las pocas semanas estábamos sentados en el despacho de Miguel, explicándole el porqué de nuestro libro. Miguel creyó en nuestro libro. Y nosotros en su olfato editor.

Nos contó los detalles del contrato estándar. Básicamente hay que superar un determinado nivel de ventas de ejemplares para cobrar un porcentaje. Y luego determinar el número de ejemplares de cortesía, calendario y poco más. Todo aceptable para quienes el solo hecho de que se les publique “su” libro, ya es la recompensa.

Llegamos a las galeradas en julio de 2016. Primero en catalán. Las entregamos revisadas en septiembre, juntamente con la traducción al castellano, que fue más compleja y pesada de lo que pensábamos. Después el ejercicio de diseño de la cubierta, con algunos primeros intentos fallidos y con un resultado mejorable.

Y por fin llegaron los libros. Fue la semana pasada. Una sensación especial tenerlo en la mano. La tentación de abrirlo y empezar a encontrar defectos.

Dicen que tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro es fácil. Que lo difícil es criar un hijo, regar el árbol y que alguien lea el libro. Quizás sea así, aunque me parece que lo más difícil es que una editorial decida publicarlo

¿Y lo mejor? El aprendizaje compartido, capaz incluso de provocarte ciertos replanteamientos vitales. No está mal para ser el primer libro 😉

Si tienes interés en el libro, algunos de los sitios donde comprarlo: La Casa del Libro, FnacEl Viejo Topo, Marcial Pons, Agapea, Teran Libros, Proteo y Prometeo, ElkarAmazon.

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10 claves para las organizaciones en la era de la colaboración

colaborativoHace justo un año escribí 5 pasos para llevar tu organización a la era de la colaboración. Durante este tiempo he tenido la oportunidad de observar nuevos casos y el privilegio de experimentar en primera persona la evolución de algunas organizaciones que van adaptándose, conscientemente o no, a un nuevo paradigma. El que preconizan entre otros, Jeremy Rifkin  (“La sociedad de coste de marginal cero”) o Brian Solis (‘The End of Business as Usual’).

Decididamente cada vez creo más en la máxima de Solis de “dejemos de hacer negocio como siempre y empecemos a hacer negocios que importen”. He revisado mis reflexiones y he reformulado pautas y conceptos que están relacionados entre sí. El objetivo siguen siendo el mismo, no pontificar (no hay dogmas y el único dogma “es que no hay dogmas”)  y compartir para debatir, contrastar y mejorar.

  1. Triple cuenta de resultados

Las empresas de la era de la colaboración deberán encontrar el equilibrio entre los resultados económicos (sostenibilidad y viabilidad económica), sociales (creación de empleo, sueldos razonables, no discriminación de sexo,…), o medio ambiental. El escándalo de #dieselgate del grupo Volkswagen y las sospechas hacia toda la industria del automóvil ponen bajo sospecha a los programas de Responsabilidad Social Corporativa y uno puede concluir que son puro maquillaje de los que hay que desconfiar. Lo ético y social deben estar grabados en el ADN o no vale. La triple cuenta de resultados es sin duda una apuesta a medio y largo plazo, pero más segura y fiable.

2. Transparencia y proximidad

La era de la colaboración se basa en la confianza, entre personas y organizaciones. Hay una serie de imperativos imprescindibles que refuerzan (o no) la credibilidad y los grados de confianza que se pueden depositar en estas organizaciones. La transparencia y la proximidad son dos de sus ingredientes fundamentales.

3. La ambición y la velocidad del proyecto

Con los años he cambiado mi percepción sobre la ambición y  la velocidad de los proyectos empresariales. Solemos confundir la aplicación de metodologías como MVP (producto viable mínimo o MVP, del inglés Minimum Viable Product), lean startup, etc. con buscar atajos y quemar etapas excesivamente rápido. Puede que sea legal y comprensible la ambición de convertirse en un ‘unicornio’, pero cada vez desconfío más de los que pretenden hacer de las rondas de inversión, su razón de ser. La cultura del pelotazo existirá mientras exista el deseo de enriquecerse (más o menos rápido) como único propósito. El retorno de esa cultura es la infelicidad para la inmensa mayoría de los mortales. Y aunque la mística startupera eleve a los altares ser millonario, seríamos más inteligentes redirigiendo el talento y esfuerzo para construir algo más sostenible y más trascendente. En términos empresariales he interiorizado aquello de vamos “lentos” porque vamos lejos.

4. La clave de la financiación

Los proyectos de la era de la colaboración ya exploran modelos de financiación alternativos. El desarrollo del crowdfunding en sus múltiples declinaciones es una excepcional buena noticia para la era de la colaboración. La financiación a base de capital riesgo sabemos lo que lleva implícito: la aceleración desmesurada por engordar la vaca y el negocio de ir de ronda en ronda. La financiación bancaria sigue a lo suyo. Con el grifo cerrado o con condiciones peligrosas. Con este panorama, el crowdfunding emerge con fuerza. No solo el de recompensa y el de donación, también el de inversión (equity crowdfunding o crowdequity). Este último año he vivido en primera persona dos campañas de crowdequity (Foxize y MindtheByte). El reto es aprovechar la oportunidad de estar acompañados por decenas, cientos o miles de accionistas. En un escenario con públicos con múltiples roles, tener un accionista con -también- el rol de cliente y/o prescriptor es una oportunidad y una gran responsabilidad.

5. Crea tu propia moneda social

En la era de la colaboración, la confianza es la divisa fundamental. La meritocracia social es la ‘escala de valor’ y no siempre es bien vista. Publicar en abierto las valoraciones de cada una de las sesiones realizadas en Foxize, imprime una exigencia elevadísima a nuestro faculty.

6. Negocios con API abierta.

El crecimiento de las organizaciones no está basado en hacer tu el negocio, sino en generar más valor del que necesita para sobrevivir. Habilitar para que terceros puedan hacer su negocio. Integrar y producir activos abiertos: plataformas, aplicaciones, procesos autogestionables. Por ej para Foxize es abrir su faculty para que más de 200 profesores puedan hacer docencia o para que varias docenas de organizaciones puedan ofrecer sus programas de formación, empleado a Foxize como sistema operativo en lo que llamamos ‘nube de escuelas’.  Hay muchos ejemplos, pero quizás llama la atención el movimiento de algún gigante como Microsoft, que también se están pasado al open source.

7. La IP Sharing (propiedad intelectual compartida)

Aplicar la máxima de “hazte imprescindible por lo que compartes no por lo que ocultas”. He aprendido que tiene más potencial aprovechar los activos preexistentes para que puedan ser mejorados por la comunidad. Aunque a ojos de la economía de lo cerrado y de la escasez sea visto como naif o un suicidio económico, es lo que tiene más recorrido y futuro. Las grandes corporaciones están empezando a entenderlo, ahí están los ejemplos de Nike y  General Electric abriendo plataformas y patentes.

8. Marcas abiertas

Marcas capaces de captar la confianza de la gente, de combinar con otras marcas y organizaciones. Que incorporan se adaptan a un universo el que la comunicación es bidireccional, participativa y menos reverencial.

9. Softwarizar, algoritmizar y datificar

Estos conceptos suenan fatal, lo sé, pero los nuevos tiempos requieren nuevas soluciones. En Foxize incorporamos sesiones propias y de terceros para tener el mejor catálogo de formación posible. Diseñamos nuevos procesos que faciliten la autogestión, tratando de transformar en software todo aquello que se puede automatizar y algoritmizar aquello que la intervención humana  no mejora. Ponemos recursos para que otros puedan desarrollar sus propios negocios; desarrollamos comunidad y definimos un marco de confianza entre los miembros. Estamos empeñados en objetivar toda nuestra actividad, transformándola en datos. Y por decirlo de alguna manera, dónde algunos imponen ‘títulos’ nosotros aportamos ‘datos’ objetivos.

10. Permeabilizar la organización

La comunidad activa es tu nuevo equipo. Aprovechar las multitudes, los colectivos, las comunidades y cooperativas para colaborar… El reto de la organización abierta, adaptándose a la tercera oleada de la digitalización, no se  construye a base de contratos, se construye a base de implicación y compromiso de las partes. No es de estructuras rígidas, sino flexibles. Rapidez de decisión y ejecución. Sin seducción mutua, no hay compromiso. Cuanto más intensivo sea en capital intelectual, mayor debe ser la apuesta en esta dirección.

Todas estas claves, con más o menos profundidad, no solo son compatibles sino que se retroalimentan entre sí. El potencial de reducir a casi cero los costes marginales está dando lugar a una economía mixta -en parte mercado capitalista y en parte procomún colaborativa- que empieza a tener importantes repercusiones. Las organizaciones deben reformularse para aprovechar el cambio de paradigma económico.

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Makers: soberanía tecnológica y nuevos modelos de negocio

maker movementtEl movimiento o revolución maker es interesante por muchas razones, pero hay dos aspectos que me llaman poderosamente la atención y que en cierta medida son contradictorios según criterios actuales: la soberanía tecnológica y los modelos de negocio.

La soberanía tecnológica: cada vez más tenemos más dependencia tecnológica, tanto en software con sistemas operativos, ofimática, apps diversas, etc.; como de hardware cerrado de los que ni tan siquiera podemos reemplazar la batería si se estropea con la sospecha que la obsolescencia del dispositivo nunca está cubierta por la garantía del fabricante. Esto aplica a smartphones, tablets, ordenadores, televisores, consolas,….

Este ecosistema de software y hardware hace que siempre estemos sujetos a los intereses de las grandes corporaciones para los que solo somos meros usuarios compradores. Y si son “gratis” significa que el producto somos nosotros. Ya sea como audiencia publicitaria o –peor aún- explotando nuestros datos. Algo que quizás no le damos importancia hasta que nos enteramos –gracias al Sr.Snowden- que la NSA monitoriza tranquilamente nuestra actividad digital gracias a la inestimable complicidad de Google, Facebook, etc.

Por tanto, aunque recuperar la soberanía tecnológica no implica estar a salvo de todos estos inconvenientes, significa tomar consciencia de la situación. De dónde estamos y empezar a tomar decisiones con conocimiento de causa y –probablemente- empezar a gestionar nuestro hardware y software de una manera distinta.

La soberanía tecnológica implica un consumo más consciente y responsable. También implica empezar a apostar por alternativas autogestionables  (aplica al sector energético, telecomunicaciones, software, redes sociales, etc.) que crean alternativas a las tecnologías comerciales de las corporaciones gigantes. ¿Qué hace diferentes a estas alternativas? Imperativos de responsabilidad social, transparencia, proximidad… algo que les da más garantías y refuerza los grados de confianza que se pueden depositar en ellas.

El fenómeno maker propone “hazlo tú mismo” en colaboración con otros. Lo que lleva a una duda razonable sobre quién y cómo generan negocio. Quizás hay una reflexión previa que tiene que ver con el modelo económico y con los síntomas de agotamiento que muestra el capitalismo. Con una realidad económica que crece (y bien) aunque no para la mayoría.

La tecnología es problema y solución. No olvidemos que el diseño de la tecnología es un acto político. El capitalismo es esencialmente una tecnología: de producción -de bienes-, de reproducción -de sí mismo. Increíblemente exitosa y desarrollada, logra pasar inadvertida a la vez que resulta fascinantemente mágica: mágica en sus procesos, mágica en sus resultados. Puede que no haya que confiar en que la tecnología disparará la productividad, sino en plantear un nuevo capítulo más ético y sostenible, gracias a la tecnología

La colaboración entre usuarios es la clave para conseguir una economía sostenible a partir de un modelo colaborativo y circular. La premisa es que los recursos son limitados y cada vez creamos más necesitados. El estancamiento de la economía hace pensar que las empresas no alcanzarán los beneficios que han tenido hasta ahora. Hablamos de que las empresas del presente, -y sobre todo- del futuro, tendrán que cambiar el concepto de beneficio. Deberán tener tres cuentas de resultados: los económicos, los sociales y los medioambientales.

Por esta razón, aquellas iniciativas disruptivas que pretenden optimizar el uso de recursos preexistentes, tienen más futuro. Sea un coche, una bicicleta, un smartphone o aprovechar diferentes componentes electrónicos o no. Se trata de apostar por alargar la vida de los productos al máximo a través del reciclaje y la reutilización, e incluso que la propia tecnología (hardware incluido) sea fácilmente replicable.

Ante todo esto, la pregunta es obligada: si lo “mejor” es lo abierto, sea hardware y software, ¿Cuáles son los modelos de negocio que hacen posible la actividad económica?

En mi opinión, no todo es blanco/negro. Es necesario verlo de una forma más holística, en el que el usuario también es productor (prosumer). Productos abiertos en los que el fabricante o desarrollador, no monetiza por la licencia sino por la formación o la configuración en determinados casos. O fabricantes de impresoras 3D que monetizan un precio justo por la impresora… que es modificable e incluso replicable gran parte de las piezas. ¿Condición? Que las mejoras gracias al código abierto sean puestas a disposición de la comunidad. Así hay casos de impresoras profesionales (BCN3D) o de introducción (Formbytes). Fabricantes de software de código abierto como OpenBravo o fabricantes de nuevo cuño que resetean todo su modelo de negocio.

Ahí está el caso del smartphone Fairphone (el smartphone  que cambiará el mundo) una empresa social, cuyo modelo de negocio apunta verdaderamente la solución para resolver los problemas de su sector.

El proyecto Fairphone, pivota en cinco ejes: financiación a través de crowdfunding, el uso sustentable de minerales; diseñando una nueva relación entre el teléfono y el usuario (más durabildad, piezas reemplazables con impresión 3D, etc.); manufactura inclusiva (empleos con condiciones laborales dignas); y un ciclo de vida integral (reciclable, reparable por el usuario, etc.)

Solo recuperaremos parte de nuestra libertad si conseguimos recuperar, total o parcialmente, nuestra soberanía tecnológica. Y solo seremos soberanos –tecnológicamente hablando- si somos makers.

Hay una enorme oportunidad para nuevos modelos de negocio. Con nuevas propuestas de valor, con modelos de negocio basados en la colaboración y no en el vasallaje o feudalismo digital. Y que además, no tienen necesidad de maquillar su negocio con responsabilidad social corporativa, porque en su ADN llevan grabado lo ético y social.

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