RGPD: una oportunidad empresarial para crear valor

En plena carrera de las organizaciones por recoger, almacenar y procesar grandes cantidades de datos para  crear nuevos productos, de reducir costes, de fidelizar mejor a sus clientes, ser más competitivas y hacer realidad la famosa expresión que los “datos son el petróleo del siglo XXI”, “aparece” el RGPD.

Digo “aparece”, entrecomillado, porque el tema viene de lejos. Concretamente arranca en enero de 2012 cuando la Comisión Europea presentó una reforma integral de las normas de protección de datos con el objetivo principal de incrementar el control de los ciudadanos sobre sus datos. Esta reforma se materializó en el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR por sus siglas en inglés).

Para muchos significa enfrentarse al reto de gestionar adecuadamente los datos, garantizar su privacidad, o cumplir con regulaciones y estándares internos y externos probablemente por primera vez en su vida. Esto amenaza a determinados modelos de negocio (ya era hora).

No entraré en el detalle de la aplicación del nuevo marco legal RGPD, sino argumentaré, contrariamente a lo que muchos piensan, de sus implicaciones que considero altamente positivas. Afortunadamente se endurece el marco legal anterior. En algunas cuestiones se clarifica y en otros aspectos, sigue habiendo bastante ambigüedad. Lo que sí queda claro es que se elimina la barra libre del uso, poco o nada adecuado, de los datos.

Desafortunadamente, la aplicación de la ley no vendrá por interiorizar un capítulo más ético y razonable del uso de los datos de las organizaciones, sino por la amenaza de las sanciones, cuyo origen y cuantía son altamente disuasorias.

Pero invito a ver el vaso medio lleno. Hagamos una mirada en positivo a la nueva etapa. Que sea más por convicción que por imperativo legal. Aprovechemos para abrir ese capítulo más ético. El primer paso debería ser admitir que construir nuestra relación con los usuarios y sus datos implica proteger la privacidad de las personas.

Esto no es un capricho, es un derecho humano incuestionable, aunque los propios ciudadanos nos empeñamos, especialmente a través de las redes sociales, a ponerlo en riesgo.

La privacidad no es algo exótico. Es el ámbito de la vida personal que se desarrolla en un espacio reservado y debe mantenerse en la intimidad. El artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas establece que el derecho a la vida privada es un derecho humano. La legislación europea también se refiere al mismo cuando habla del tratamiento de datos personales y circulación de estos datos. Y la Constitución española de 1978 protege este derecho fundamental.

¿A qué me refiero cuando apuesto por construir nuestra relación con las personas desde el máximo respeto por la privacidad? Cosas muy obvias:

  • Dar a las personas el poder sobre sus datos
  • Ser honestos en el uso previsto de los datos
  • Ser transparentes
  • Ser responsables
  • Hacerlo fácil

Una mirada más ética, aparte de legal, en el tratamiento de los datos, forma parte de ese principio de comportamiento basados en la idea de lo correcto y lo incorrecto. Ética significa “hacerlo bien cuando nadie está mirando”. Ello puede ayudar a construir más confianza con nuestros clientes y una oportunidad de crear más valor añadido para nuestras organizaciones a largo plazo.

¿En qué se concreta la ética en el tratamiento de los datos? En principio ético que debería regirnos es que la creación de valor para la empresa puede entrar en conflicto con la creación de valor para el usuario. La gestión y explotación de los datos es que aquellos análisis de datos que se aplican o crean a veces para generar valor para las organizaciones, no lo son tanto para las personas. ¿Ejemplos? Ya sea molestándolo con información no solicitada, negando un empleo, concediendo o negando un crédito, dirigiéndose a votantes o monitorizando nuestra salud. Un dilema ético que jamás debería plantearse.

Si vulnerar la privacidad ya es un hecho ilegal, debemos ser especialmente sensibles a las nuevas tecnologías de tratamiento de datos, el propio desarrollo de nuevas herramientas (machine learning, deep learning, inteligencia artificial, etc.), y en especial la extensión de modelos de autoaprendizaje basados en algoritmos, pueden generar problemas éticos complejos. Todas estas tecnologías que permiten tratar cantidades masivas de datos, y que, a priori, deberían aportarnos una mayor equidad (todos somos juzgados de acuerdo con las mismas reglas, y se elimina el sesgo) suponen un riesgo en la explotación de los datos

El problema es que la mayoría de estos modelos de análisis y explotación que se utilizan hoy son opacos, no regulados e incontestables, incluso cuando están equivocados. Recordemos la noticia del Ministerio de Sanidad Británico de la posible muerte de 270 mujeres por cáncer de mama por un fallo en la programación del algoritmo de revisiones rutinarias (ver fuente). O riesgos de discriminación real por sus ideas políticas o por su orientación sexual cuando ya existe tecnología que puede identificar personas homosexuales utilizando un sistema de reconocimiento facial.

La apertura de estos sistemas debería ser un hecho. Nueva York se está convirtiendo en la primera ciudad de EEUU, en aprobar una ley que permite auditar las decisiones automatizadas que toman los algoritmos. Todo ellos para evitar y combatir la llamada “discriminación algorítmica” (ver fuente), uno de los retos del datos del Siglo XXI.

Seguir la ley al pie de la letra, evita ser sancionados, pero eso no crea valor per se para el usuario, ni tampoco evita riesgos futuros. Como ya hemos visto, la tecnología permite a las organizaciones usar los datos de maneras que no hubiéramos imaginado en el pasado. Mientras que el marco legal suele ir bastantes pasos por detrás.

A corto plazo, un enfoque ético más allá de la aplicación del RGPD, nos aportará un valor positivo como organización. A medio plazo, el enfoque ético será cuestión de supervivencia, solo al alcance de organizaciones capaces de cuadrar la cuenta de resultados social, económica y medio-ambiental.

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Las 10 ideas esenciales del libro ¿Libres o vasallos? el dilema digital

libres o vasallos cubiertaLa tecnología y la digitalización tienen más protagonismo del que imaginamos. No siempre ha sido así. Ahora nos encontramos en un punto de inflexión histórico que afecta a todos los ámbitos de nuestras vidas. Con amenazas reales (inseguridad, pérdida de privacidad, monopolios digitales, capitalismo agresivo, educación y sistema energéticos obsoletos,.). Si nos dejamos llevar por la inercia, será irreversible y acabaremos siendo vasallos.

Pero también hay enormes oportunidades gracias a la tecnología. Hay que empoderarse, para tomar decisiones conscientes y poder aprovechar la parte positiva que promete el mundo digital, atenuando los riesgos y construir el mundo que queremos. Siendo más libres.

  1. La tecnología modifica profundamente el capitalismo, haciéndolo más agresivo. Hay que apostar por la tecnología aliándose con las personas, ayudándonos a pasar de la propiedad a la colaboración y del «yo al nosotros». Iniciando una nueva etapa, más ética y sostenible. Donde el PIB no sea el indicador importante de salud de una economía, ni los beneficios económicos el único indicador de éxito de una empresa.
  2. Lo que nos hace humanos es nuestra capacidad de colaborar y una inteligencia que tiene en cuenta el contexto, y por tanto que es «capaz de romper las normas». La tecnología permite que las personas puedan dedicarse a tareas en las que aportan más valor. La tecnología al servicio de las personas y no al revés.
  3. La ubicuidad de la informática en nuestras vidas nos hace mucho más vulnerables que nunca. La mejor manera de protegerse es mediante el conocimiento, y adoptar nuevas rutinas digitales que contemplen la seguridad como valor imprescindible.
  4. La relación entre la privacidad y la democracia es indiscutible, así que el peligro atenta también contra el futuro de la sociedad en su conjunto.
  5. Las energías renovables tienen un gran potencial democratizador y podrían permitir la generación descentralizada de energía. La gestión de residuos, la reducción del consumo y la reutilización de artefactos, serán los ámbitos esenciales que garantizarán nuestra sostenibilidad como especie.
  6. La colaboración está presente desde el inicio de la vida humana en comunidad. Con todo, en los últimos años Internet ha facilitado la extensión de la colaboración en todos los ámbitos: compartir conocimiento, evolucionar el código abierto hasta consumir de forma colaborativa.
  7. La incorporación de más mujeres en la elaboración de la tecnología será beneficioso para todos. Esta incorporación se realizará desde los intereses de las propias chicas.
  8. La educación debe cambiar con urgencia para preparar personas que puedan sobrevivir en un mundo incierto y cambiante. El aprendizaje basado en las capacidades, la creatividad y la resolución de problemas. El aprendizaje de la programación se incorporará de forma esencial en los currículos académicos de los chicos y chicas
  9. La evolución de simple usuario a maker, nos permitiría abrir la caja negra, y así conocer por dentro la tecnología y poder tomar decisiones con sentido desde la figura de los usuarios. Esto significa un uso inteligente de la tecnología, la colaboración o la sostenibilidad.
  10. El movimiento maker está democratizando el concepto de fabricación, que ya no requiere grandes instalaciones, se hace más distribuida y puede llegar a nivel individual o en mini-fábricas más cercanas al cliente.

El nuevo paradigma digital es un potencial facilitador de un mundo más justo y distribuido. Pero hay que esforzarse y nadar contracorriente. El cambio no vendrá para movilizar la mayoría si no para que personas estratégicas hagan crecer el resto.

Es la hora de cuestionar el orden establecido de las cosas. ¿Quieres ser libre o vasallo?

Es, pues, la hora de tomar partido y actuar.

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Making of del libro ¿Libres o Vasallos? El dilema digital

libres o vasallos, el dilema digitalLa idea de escribir el libro no fue mía, fue de Aina (la co-autora). Era diciembre 2014 en Mataró, en plena conversación de café. De esas conversaciones frecuentes, alrededor del mundo de los makers, en un contexto el que estábamos desarrollando Xnergic. Allí nació todo.

Ninguno de los dos habíamos escrito ningún libro por lo que, a falta de ortodoxia y técnica, tiramos de sentido común e iniciamos el viaje. En algún momento, pasados los meses, reorientamos el propósito del libro. Siguiendo el hilo conductor de la tecnología y lo digital, descubrimos que sea puede entender y explicar casi todo del mundo que nos rodea. Y ese fue justamente nuestro propósito: escribir y compartir el viaje conceptual que estábamos realizando.

El paso de los meses, transformó nuestra curiosidad en preocupación. Lo que íbamos desenredando e interpretando de la lectura de aquellos que saben, hizo más crítica y preocupada, nuestra mirada. Era (es) necesario tomar partido. Así que tras la reflexión quisimos incorporar una llamada a la acción. Es imprescindible comprender el mundo en que vivimos, pero todavía es más importante decidir cómo queremos que sea. Y actuar en consecuencia. Sin dogmatismos, solo por instinto de supervivencia.

Aunque estamos convencidos que el libro está repleto ideas interesantes, escribirlo no era ninguna prioridad. Iban cayendo los meses sin darnos cuenta. Costaba coger el hilo, concentrarse y ser productivo el fin de semana.

En algún momento, tuvimos la feliz idea de cerrar cada capítulo con unas mini entrevistas a personas de referencia. Queríamos enriquecer nuestro trabajo con más matices. Tocaba hacer lista. Algunos amigos, algunos conocidos, algunos primeros contactos. Envío de mails, llamadas, perseguir a la gente…

A finales del 2015 tomamos la decisión de finalizar el libro. Sí, también he descubierto que un libro se puede eternizar. No fue hasta inicio de 2016, pasadas las navidades, cuando pusimos firme determinación de cerrar el libro. A esas alturas, el libro ya había tomado una dirección notablemente distinta, pero mucho mejor, que la idea inicial.

Cerramos el libro a principios de la primavera de 2016 … con lo más delicado todavía sin solucionar: estábamos sin editor. Evidentemente, no teníamos la menor idea de cómo buscarlo. Así que después de consultarlo en la red, decidimos elaborar una lista de editoriales a las que contactar. Aunque no sabíamos qué exactamente. ¿El original? Un resumen? ¿El primer capítulo?

El periplo por las editoriales merecería un post aparte. No me extenderé. Vaya por delante que nuestro conocimiento del mundo editorial era nulo. Así que empezamos por buscar editoriales y seleccionar aquellas que nos parecían más apropiadas … a priori. En total quince contactos reales. Siempre empezando por email. Con un resumen generoso del libro.

De todos los contactos respondieron seis de forma bastante rápida (en semanas). Dos al cabo de muchos meses. Entre los que respondieron, un editor se apiadó de nosotros y accedió a recibirnos. Fueron un par de horas de conversación muy interesante, cuyo resultado fue similar a una ducha de agua helada. Allí fuimos conscientes de lo complejo que es la industria editorial. De lo complicado que es editar un libro y de la vocación que hay que tener para escribirlo. Solo en no-ficción, cada año se publican más de 3000 títulos en el estado español. Y salvo que seas un autor mediático que cuenta sus batallitas, las expectativas de publicar un libro “denso” (con cientos de referencias y más de trescientas páginas como el nuestro) era imposible. Desolación.

En nuestro caso partíamos con un plus de dificultad. Por expreso deseo de Aina, escribimos el libro en catalán, pero con la sana intención de publicar simultáneamente catalán y castellano. ¿Para qué hacerlo fácil?

Teníamos claras tres cosas: que queríamos publicar el libro tal y que nos había apetecido escribirlo, que queríamos hacerlo en dos idiomas y que no queríamos auto-publicarlo. Llámalo orgullo, llámalo osadía del ignorante.

A todo esto, acompañando las primeras respuestas negativas, llegó una respuesta positiva. De entrada, nos pidieron una reducción importante de páginas. Más o menos un tercio del libro. Tengo que reconocer que nos hicieron un favor. Tuvimos que sacar el cepillo y emplearnos a fondo para reducir el número de caracteres. Fue doloroso eliminar algunas páginas, pero el resultado final lo agradece.

En paralelo, esa misma editorial nos envió el borrador del contrato. Y -oh sorpresa!- solo contemplaba la edición en un solo idioma. Pero lo peor y más sorprendente, por qué no decirlo,  “sospechoso”: aceptaban publicarlo sin haber leído el original.

Simultáneamente, llegó la respuesta de Miguel Riera, de El Viejo Topo. Editorial veterana que era desconocida para mí. Llegué a ellos por cosas del destino. Uno de los libros más inspiradores que había leído en 2015 (‘Desconexión digital’ de Robert W. McChesney) y referenciado ampliamente en nuestro libro, había sido editado en castellano por ellos.

Nos pidieron el original y a las pocas semanas estábamos sentados en el despacho de Miguel, explicándole el porqué de nuestro libro. Miguel creyó en nuestro libro. Y nosotros en su olfato editor.

Nos contó los detalles del contrato estándar. Básicamente hay que superar un determinado nivel de ventas de ejemplares para cobrar un porcentaje. Y luego determinar el número de ejemplares de cortesía, calendario y poco más. Todo aceptable para quienes el solo hecho de que se les publique “su” libro, ya es la recompensa.

Llegamos a las galeradas en julio de 2016. Primero en catalán. Las entregamos revisadas en septiembre, juntamente con la traducción al castellano, que fue más compleja y pesada de lo que pensábamos. Después el ejercicio de diseño de la cubierta, con algunos primeros intentos fallidos y con un resultado mejorable.

Y por fin llegaron los libros. Fue la semana pasada. Una sensación especial tenerlo en la mano. La tentación de abrirlo y empezar a encontrar defectos.

Dicen que tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro es fácil. Que lo difícil es criar un hijo, regar el árbol y que alguien lea el libro. Quizás sea así, aunque me parece que lo más difícil es que una editorial decida publicarlo

¿Y lo mejor? El aprendizaje compartido, capaz incluso de provocarte ciertos replanteamientos vitales. No está mal para ser el primer libro 😉

Si tienes interés en el libro, algunos de los sitios donde comprarlo: La Casa del Libro, FnacEl Viejo Topo, Marcial Pons, Agapea, Teran Libros, Proteo y Prometeo, ElkarAmazon.

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10 claves para las organizaciones en la era de la colaboración

colaborativoHace justo un año escribí 5 pasos para llevar tu organización a la era de la colaboración. Durante este tiempo he tenido la oportunidad de observar nuevos casos y el privilegio de experimentar en primera persona la evolución de algunas organizaciones que van adaptándose, conscientemente o no, a un nuevo paradigma. El que preconizan entre otros, Jeremy Rifkin  (“La sociedad de coste de marginal cero”) o Brian Solis (‘The End of Business as Usual’).

Decididamente cada vez creo más en la máxima de Solis de “dejemos de hacer negocio como siempre y empecemos a hacer negocios que importen”. He revisado mis reflexiones y he reformulado pautas y conceptos que están relacionados entre sí. El objetivo siguen siendo el mismo, no pontificar (no hay dogmas y el único dogma “es que no hay dogmas”)  y compartir para debatir, contrastar y mejorar.

  1. Triple cuenta de resultados

Las empresas de la era de la colaboración deberán encontrar el equilibrio entre los resultados económicos (sostenibilidad y viabilidad económica), sociales (creación de empleo, sueldos razonables, no discriminación de sexo,…), o medio ambiental. El escándalo de #dieselgate del grupo Volkswagen y las sospechas hacia toda la industria del automóvil ponen bajo sospecha a los programas de Responsabilidad Social Corporativa y uno puede concluir que son puro maquillaje de los que hay que desconfiar. Lo ético y social deben estar grabados en el ADN o no vale. La triple cuenta de resultados es sin duda una apuesta a medio y largo plazo, pero más segura y fiable.

2. Transparencia y proximidad

La era de la colaboración se basa en la confianza, entre personas y organizaciones. Hay una serie de imperativos imprescindibles que refuerzan (o no) la credibilidad y los grados de confianza que se pueden depositar en estas organizaciones. La transparencia y la proximidad son dos de sus ingredientes fundamentales.

3. La ambición y la velocidad del proyecto

Con los años he cambiado mi percepción sobre la ambición y  la velocidad de los proyectos empresariales. Solemos confundir la aplicación de metodologías como MVP (producto viable mínimo o MVP, del inglés Minimum Viable Product), lean startup, etc. con buscar atajos y quemar etapas excesivamente rápido. Puede que sea legal y comprensible la ambición de convertirse en un ‘unicornio’, pero cada vez desconfío más de los que pretenden hacer de las rondas de inversión, su razón de ser. La cultura del pelotazo existirá mientras exista el deseo de enriquecerse (más o menos rápido) como único propósito. El retorno de esa cultura es la infelicidad para la inmensa mayoría de los mortales. Y aunque la mística startupera eleve a los altares ser millonario, seríamos más inteligentes redirigiendo el talento y esfuerzo para construir algo más sostenible y más trascendente. En términos empresariales he interiorizado aquello de vamos “lentos” porque vamos lejos.

4. La clave de la financiación

Los proyectos de la era de la colaboración ya exploran modelos de financiación alternativos. El desarrollo del crowdfunding en sus múltiples declinaciones es una excepcional buena noticia para la era de la colaboración. La financiación a base de capital riesgo sabemos lo que lleva implícito: la aceleración desmesurada por engordar la vaca y el negocio de ir de ronda en ronda. La financiación bancaria sigue a lo suyo. Con el grifo cerrado o con condiciones peligrosas. Con este panorama, el crowdfunding emerge con fuerza. No solo el de recompensa y el de donación, también el de inversión (equity crowdfunding o crowdequity). Este último año he vivido en primera persona dos campañas de crowdequity (Foxize y MindtheByte). El reto es aprovechar la oportunidad de estar acompañados por decenas, cientos o miles de accionistas. En un escenario con públicos con múltiples roles, tener un accionista con -también- el rol de cliente y/o prescriptor es una oportunidad y una gran responsabilidad.

5. Crea tu propia moneda social

En la era de la colaboración, la confianza es la divisa fundamental. La meritocracia social es la ‘escala de valor’ y no siempre es bien vista. Publicar en abierto las valoraciones de cada una de las sesiones realizadas en Foxize, imprime una exigencia elevadísima a nuestro faculty.

6. Negocios con API abierta.

El crecimiento de las organizaciones no está basado en hacer tu el negocio, sino en generar más valor del que necesita para sobrevivir. Habilitar para que terceros puedan hacer su negocio. Integrar y producir activos abiertos: plataformas, aplicaciones, procesos autogestionables. Por ej para Foxize es abrir su faculty para que más de 200 profesores puedan hacer docencia o para que varias docenas de organizaciones puedan ofrecer sus programas de formación, empleado a Foxize como sistema operativo en lo que llamamos ‘nube de escuelas’.  Hay muchos ejemplos, pero quizás llama la atención el movimiento de algún gigante como Microsoft, que también se están pasado al open source.

7. La IP Sharing (propiedad intelectual compartida)

Aplicar la máxima de “hazte imprescindible por lo que compartes no por lo que ocultas”. He aprendido que tiene más potencial aprovechar los activos preexistentes para que puedan ser mejorados por la comunidad. Aunque a ojos de la economía de lo cerrado y de la escasez sea visto como naif o un suicidio económico, es lo que tiene más recorrido y futuro. Las grandes corporaciones están empezando a entenderlo, ahí están los ejemplos de Nike y  General Electric abriendo plataformas y patentes.

8. Marcas abiertas

Marcas capaces de captar la confianza de la gente, de combinar con otras marcas y organizaciones. Que incorporan se adaptan a un universo el que la comunicación es bidireccional, participativa y menos reverencial.

9. Softwarizar, algoritmizar y datificar

Estos conceptos suenan fatal, lo sé, pero los nuevos tiempos requieren nuevas soluciones. En Foxize incorporamos sesiones propias y de terceros para tener el mejor catálogo de formación posible. Diseñamos nuevos procesos que faciliten la autogestión, tratando de transformar en software todo aquello que se puede automatizar y algoritmizar aquello que la intervención humana  no mejora. Ponemos recursos para que otros puedan desarrollar sus propios negocios; desarrollamos comunidad y definimos un marco de confianza entre los miembros. Estamos empeñados en objetivar toda nuestra actividad, transformándola en datos. Y por decirlo de alguna manera, dónde algunos imponen ‘títulos’ nosotros aportamos ‘datos’ objetivos.

10. Permeabilizar la organización

La comunidad activa es tu nuevo equipo. Aprovechar las multitudes, los colectivos, las comunidades y cooperativas para colaborar… El reto de la organización abierta, adaptándose a la tercera oleada de la digitalización, no se  construye a base de contratos, se construye a base de implicación y compromiso de las partes. No es de estructuras rígidas, sino flexibles. Rapidez de decisión y ejecución. Sin seducción mutua, no hay compromiso. Cuanto más intensivo sea en capital intelectual, mayor debe ser la apuesta en esta dirección.

Todas estas claves, con más o menos profundidad, no solo son compatibles sino que se retroalimentan entre sí. El potencial de reducir a casi cero los costes marginales está dando lugar a una economía mixta -en parte mercado capitalista y en parte procomún colaborativa- que empieza a tener importantes repercusiones. Las organizaciones deben reformularse para aprovechar el cambio de paradigma económico.

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