Sophie Coignard, en su libro La tiranía de la mediocridad: por qué debemos salvar el mérito, ofrece una crítica profunda y detallada sobre la degradación del principio de mérito en la sociedad contemporánea, especialmente en el sistema educativo francés.

El mérito ha sido un valor fundamental desde la Revolución Francesa, promoviendo la virtud del esfuerzo frente a los privilegios de nacimiento. Este principio, fruto de la Ilustración, ha sido esencial para fomentar la igualdad de oportunidades y la justicia social (ver ‘Falacias de la justicia social’ de Thomas Sowell).

Crítica a la degradación del mérito

Ataques al principio del mérito

Coignard sostiene que el principio del mérito está siendo atacado y degradado en la actualidad. Numerosos pensadores y economistas argumentan que la meritocracia es, en realidad, un decorado que oculta la reproducción hereditaria de un sistema de familias poderosas y la concentración de la riqueza en unas pocas manos. Según estos críticos, la meritocracia no ofrece una verdadera igualdad de oportunidades, sino que perpetúa las desigualdades existentes.

Argumentos de los críticos

Los críticos de la meritocracia, como Michael Sandel y Daniel Markovits, sostienen que el sistema meritocrático favorece a aquellos que ya tienen ventajas socioeconómicas. Argumentan que las oportunidades no son realmente iguales, ya que los hijos de familias ricas tienen acceso a mejores recursos educativos y culturales, lo que les permite sobresalir en un sistema que supuestamente premia el mérito. Además, señalan que la meritocracia puede generar arrogancia entre los ganadores y desmoralización entre los perdedores, creando una división social perjudicial.

Respuesta de Coignard

Coignard recaba argumentos contra quienes persiguen implacablemente el concepto de mérito y concluye que son ellos los principales culpables de su mal uso. La autora defiende que la meritocracia, cuando se implementa correctamente, es compatible con la equidad y la justicia social. Sostiene que la promoción de unas élites virtuosas no es incompatible con la equidad, siempre y cuando se garantice la igualdad de oportunidades para acceder a dichas élites.

Impacto en el sistema educativo

Degradación de las becas de mérito

Coignard critica que las becas concedidas en función del mérito a los estudiantes con menos recursos han sido degradadas. Estas becas, que anteriormente permitían a estudiantes talentosos pero económicamente desfavorecidos acceder a una educación de calidad, han sido reducidas o eliminadas. La autora argumenta que esta política ha perjudicado a los estudiantes que dependen de estas ayudas para continuar su educación y alcanzar su potencial.

Marginalización de los internados de élite

Otro punto central en la crítica de Coignard es la marginalización de los internados de élite. Estos internados, que históricamente han sido centros de excelencia académica, han sido despriorizados en las políticas educativas recientes. Coignard sostiene que estos internados desempeñan un papel crucial en la promoción de la igualdad de oportunidades, ya que ofrecen un entorno educativo riguroso y de alta calidad a estudiantes talentosos de diversos orígenes socioeconómicos. La marginación de estos centros, según la autora, es un paso hacia la nivelación a la baja del sistema educativo.

Nivelación a la baja

Coignard denuncia un proceso de nivelación a la baja en el sistema educativo francés. Este proceso implica la reducción de los estándares académicos y la eliminación de programas que promueven la excelencia, en un intento por igualar los resultados educativos. La autora argumenta que esta nivelación a la baja no solo perjudica a los estudiantes más talentosos, sino que también socava la calidad general de la educación. En lugar de elevar a todos los estudiantes, estas políticas tienden a reducir el nivel de exigencia y a promover una mediocridad generalizada.

Fallos de la escuela pública

La escuela pública, que hasta ahora había sido el principal instrumento para promover la igualdad de oportunidades, está fallando a las nuevas generaciones, según Coignard. La autora señala que, a pesar de ser gratuita y accesible para todos, la educación pública en Francia enfrenta numerosos obstáculos. Entre estos se incluyen la subvaloración y las bajas nóminas del profesorado, la falta de apoyo psicológico para los estudiantes y un sistema que no fomenta la individualidad ni la originalidad. Estos problemas contribuyen a un entorno educativo que no incentiva el esfuerzo ni recompensa el mérito.

Crítica a la ideología «Woke»

La ideología «woke» se originó en las comunidades afroamericanas de Estados Unidos y se refiere a estar «despierto» o alerta ante las injusticias sociales, especialmente el racismo. Con el tiempo, este término se ha expandido para abarcar una amplia gama de movimientos relacionados con la justicia social, incluyendo el feminismo interseccional, los derechos trans y la crítica al colonialismo.

Contaminación del sistema de valores

Coignard argumenta que la ideología «woke» ha contaminado el sistema de valores de las sociedades avanzadas. Según ella, esta ideología promueve una visión del mundo que divide a la sociedad en víctimas y opresores, y que busca desmantelar las estructuras tradicionales en nombre de la justicia social. Esta visión, según Coignard, no solo es simplista, sino que también es profundamente divisiva y perjudicial para la cohesión social.

Castigo a la excelencia

Uno de los puntos centrales de la crítica de Coignard es que la ideología «woke» y la discriminación positiva castigan la excelencia en nombre de la igualdad. La autora sostiene que estas políticas y tendencias promueven una nivelación a la baja, donde el talento y el esfuerzo no son recompensados adecuadamente. En lugar de fomentar una cultura de mérito y esfuerzo, se prioriza la igualdad de resultados, lo que lleva a una mediocridad generalizada.

Consecuencias sociales y económicas

Coignard argumenta que la visión «woke» no solo es injusta, sino que también es perjudicial para el desarrollo social y económico. Al no recompensar el talento y el esfuerzo, se desincentiva la innovación y el progreso. La autora sostiene que una sociedad que no valora la excelencia y el mérito está condenada a la mediocridad y a la falta de competitividad en el ámbito global.

Comparación con el comunismo

Coignard y otros críticos de la ideología «woke» la comparan con el comunismo en términos de su enfoque autoritario y su intolerancia hacia las opiniones disidentes. La autora denuncia que la ideología «woke» utiliza tácticas coercitivas y agresivas para imponer su visión del mundo, lo que recuerda a los métodos utilizados por regímenes totalitarios para silenciar a sus opositores.

Cultura de la cancelación

Un aspecto relacionado con la crítica de Coignard es la cultura de la cancelación, que ella ve como una manifestación extrema de la ideología «woke». Esta cultura implica boicotear, avergonzar públicamente y retirar el apoyo a individuos u organizaciones que no se alinean con los postulados «woke». Coignard argumenta que esta práctica es profundamente antidemocrática y que socava la libertad de expresión y el debate abierto.

Necesidad de repensar el sistema de valores

Restaurar el mérito como pilar central

Coignard sostiene que el mérito debe ser restaurado como un pilar central en la sociedad para evitar lo que ella denomina «la tiranía de la mediocridad». Argumenta que el mérito, entendido como la recompensa al talento y al esfuerzo, es esencial para el progreso personal, social y económico. Sin embargo, este principio ha sido atacado y degradado, lo que ha llevado a una nivelación a la baja y a la promoción de la mediocridad en lugar de la excelencia.

Revisión de las políticas educativas y sociales

Coignard aboga por una revisión profunda de las políticas educativas y sociales para asegurar que se premie la excelencia y se fomente el esfuerzo personal. Esto implica:

  • Reforzar las becas de mérito: Asegurar que los estudiantes talentosos pero económicamente desfavorecidos tengan acceso a una educación de calidad.
  • Apoyar a los internados de élite: Reconocer el papel crucial de estos centros en la promoción de la igualdad de oportunidades y la excelencia académica.
  • Elevar los estándares académicos: Evitar la nivelación a la baja y promover una cultura de alta exigencia y rendimiento.
  • Combatir la ideología «woke»: Rescatar el valor del mérito y la excelencia frente a las políticas que promueven la igualdad de resultados a expensas de la calidad educativa.

Consecuencias de no actuar

Coignard advierte que no actuar para restaurar el mérito como un valor central tendrá consecuencias negativas para la sociedad. La promoción de la mediocridad y la falta de recompensa al talento y el esfuerzo pueden llevar a una falta de competitividad y dinamismo, afectando el desarrollo social y económico. La autora sostiene que es crucial repensar el sistema de valores para asegurar un futuro próspero y justo para todos los ciudadanos.

Conclusión

En resumen, Sophie Coignard defiende que el mérito, como valor fundamental desde la Revolución Francesa, es esencial para fomentar la igualdad de oportunidades y la justicia social. Critica las políticas y tendencias actuales que degradan este principio y aboga por una meritocracia que recompense el talento y el esfuerzo, garantizando al mismo tiempo la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos. Coignard sostiene que es necesario repensar el sistema de valores de las sociedades contemporáneas para restaurar el mérito como un pilar central y evitar así la «tiranía de la mediocridad».

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