Hay una frase que vuelve cada vez que la inflación se cuela en una cena, en un chat o en cualquier conversación de “adultos con Excel”: “con inflación, compra oro”. Es cómoda. Es corta. Y tiene esa cualidad irresistible de las frases que prometen orden: parece que, si aprietas ese botón, todo queda más o menos bajo control.
El problema empieza cuando intentas usarla como si fuera una ley de la física. Si fuera literal —sube el IPC, sube el oro—, el precio del oro debería moverse como un termómetro, sincronizado con la inflación mes a mes. Pero no. Hay periodos en los que la inflación aprieta y el oro se queda quieto, baja o se mueve por razones que no se parecen en nada al ticket del supermercado.
Ahí fue cuando empecé a sospechar que esa frase no es un mapa. Es un atajo mental. Y con los atajos pasa lo de siempre: ayudan a orientarte… hasta que un día los conviertes en regla rígida y acabas en un sitio raro. Crees que llevas un “seguro infalible” y, de pronto, el activo decide comportarse como un activo (con sus caprichos, sus ciclos y sus motivos).
Así que volví a lo básico. No a los gráficos, sino a dos preguntas casi infantiles: qué significa “protegerse de la inflación” y qué tipo de cosa es el oro. A partir de ahí, me salieron tres preguntas muy simples que, curiosamente, explican casi todo lo que suele liar este tema.
¿Qué estoy intentando proteger exactamente?
La primera sacudida fue aceptar que “inflación” no es un único monstruo. Es un paraguas. Y debajo caben escenarios muy distintos.
Una inflación puede venir con tipos subiendo y economía enfriándose. Puede convivir con tipos bajos (o con tipos que suben, pero no lo suficiente como para compensar el IPC). Puede mezclarse con crisis geopolítica, con miedo a sanciones, con tensiones financieras o con desconfianza en algunas monedas. O puede ser una inflación “normalizada”, de esas que el mercado empieza a ver como algo manejable dentro del objetivo de los bancos centrales.
La idea que me desbloqueó el tema fue esta: no existe “la inflación” en abstracto; existe inflación + contexto. Y ese contexto cambia qué activos funcionan mejor o peor.
Cuando te vas a datos de muy largo plazo, el oro suele salir relativamente bien parado: a grandes rasgos, tiende a preservar poder adquisitivo en horizontes largos. Pero si bajas el zoom a uno o dos años, el comportamiento se vuelve ruidoso. Ahí aparecen los episodios en los que el oro no hace “lo que tocaba” si sólo miras el IPC.
Un trabajo que me ayudó a aterrizarlo (porque no mira cinco años, mira siglos) es el de Bampinas y Panagiotidis, con datos históricos de EE. UU. y Reino Unido: el oro puede cubrir la inflación en el largo plazo, pero la relación no es estable ni automática en cualquier periodo. No es un interruptor. Es más bien una tendencia de fondo… con mucha mala leche en el corto.
Con eso, cambié el enfoque. En vez de preguntarme “¿el oro me protege del IPC?”, empecé a preguntarme cosas más prácticas:
- ¿Qué tipo de inflación tengo delante?
- ¿Qué viene pegado a esa inflación (tipos, crisis, confianza, política…)?
- ¿Estoy esperando demasiado del oro en plazos demasiado cortos?
¿Qué fuerza manda más en el oro? (y por qué el IPC no siempre lleva el volante)
La segunda pieza encajó cuando me fijé en algo tan simple que casi da vergüenza: el oro no paga intereses. Y ese detalle, por sí solo, explica una parte enorme del puzzle.
Si existen alternativas percibidas como seguras —por ejemplo, deuda pública de países solventes— que ofrecen un rendimiento real atractivo, el oro compite contra eso. Aunque nadie lo diga así en una conversación informal, esa comparación está siempre en segundo plano.
Dicho en llano: tener oro tiene coste de oportunidad.
- Si la “deuda segura” ofrece rentabilidades reales altas, el oro suele quedar peor parado.
- Si esas rentabilidades reales son bajas o negativas, el coste de oportunidad cae y el oro vuelve a parecer razonable.
Durante bastante tiempo esa brújula encajaba bien con lo que se veía en los gráficos: tipos reales a la baja, oro fuerte; tipos reales al alza, oro más flojo. Y además, en episodios de estrés o incertidumbre global, el oro tendía a comportarse como un refugio, se moviera o no el IPC.
Lo interesante —y aquí es donde el mito se vuelve peligroso— es que esa relación “bonita” no es inamovible. En los últimos años, sobre todo después de shocks geopolíticos, esa correlación limpia entre oro y tipos reales se ha ido ensuciando. Hay momentos en los que los tipos reales suben y el oro no cae “como debería”. O directamente hace lo contrario.
Eso fue lo que me obligó a abandonar la idea de una regla única. El oro responde a varias capas a la vez: coste de oportunidad (tipos reales), percepción de riesgo, expectativas, confianza (o desconfianza) en el sistema financiero y en las monedas. El IPC está dentro del cuadro… pero muchas veces no es el guionista principal.
¿Ha cambiado algo en los últimos años?
Esta tercera pregunta fue la que más me movió el suelo: ¿de verdad el oro se comporta hoy como hace 30 o 40 años? El metal es el mismo, sí. Pero los actores que lo compran —y el contexto en el que lo usan— no lo son.
Aquí aparece el giro que explica muchas cosas: el oro no es solo un activo financiero; también es un activo geopolítico.
En los últimos años, el oro no solo ha marcado máximos nominales: ajustado por inflación ha superado picos históricos previos. Y, al mismo tiempo, las reservas oficiales de oro han subido hasta niveles que recuerdan a épocas en las que el sistema monetario internacional funcionaba de otra manera. Detrás hay decisiones estratégicas: bancos centrales (sobre todo de emergentes) aumentando el peso del oro en reservas.
Los motivos son bastante intuitivos cuando los pones en fila:
- diversificar dependencia del dólar y de otras monedas de reserva,
- reducir exposición a sanciones financieras y riesgos políticos,
- tener un activo que no es el pasivo de nadie (no depende de la solvencia de un emisor).
Desde 2022, con sanciones, tensiones y ruido sobre la fragmentación del sistema, esa lógica se ha acelerado. Y cuando una parte relevante de la demanda viene de ahí, el oro deja de parecer un simple “hedge contra el IPC” y empieza a parecer algo más grande: una pieza de resiliencia para un mundo menos estable.
Las encuestas a bancos centrales suelen confirmar esa mezcla de razones: reserva de valor a largo plazo, comportamiento en crisis, diversificación… y sí, protección frente a inflación. Pero la inflación es una parte del relato, no el relato entero.
El cambio mental, para mí, fue pasar de “el oro es para la inflación” a algo más matizado:
el oro es para cuando no te fías del guion dominante: ni del de las monedas, ni del de las reservas, ni del de las reglas del juego financieras.
Si solo lo miro como “anti-IPC”, me estoy perdiendo media historia.
Entonces… ¿para qué sirve el oro, bien usado?
Después de darle vueltas, mi conclusión es menos épica que el mito, pero mucho más útil para decidir:
- Si uso el oro como “cobertura automática de inflación”, lo normal es que me lleve decepciones.
- Si lo uso como pieza de diversificación y como seguro para ciertos escenarios concretos, encaja mejor.
En cartera, tiene sentido verlo como un activo que a veces juega un papel distinto al de la renta variable y la renta fija tradicional, especialmente en episodios de estrés o de incertidumbre “sistémica”. También como una póliza contra combinaciones incómodas: inflación + tipos artificialmente bajos, inflación + crisis de confianza en monedas, inflación + tensiones geopolíticas que contaminan el sistema financiero.
En ese marco, el oro deja de ser un “botón anti-IPC” y pasa a ser una forma de no depender de un solo guion del mundo. Y eso encaja con algo muy terrenal: la inflación rara vez viene sola. Casi siempre trae compañía. Y muchas veces el valor del oro tiene más que ver con esa compañía que con el titular del IPC aislado.
Para mí, el aprendizaje de fondo ha sido este: no se trata de poner el oro en un pedestal ni de tirarlo por la ventana. Se trata de colocarlo en el sitio correcto del tablero. Tiene ventajas claras en algunos escenarios y límites claros en otros. Si lo trato como mito literal, me pierdo matices; si lo trato como herramienta dentro de un plan más amplio, empieza a tener sentido.
En el próximo post toca bajar al barro: qué compras exactamente cuando compras “oro físico” en bolsa. No es una pepita en tu casa. Ahí el protagonista ya no es el relato, sino los detalles: qué vehículo usas, qué colateral hay detrás, quién custodia el metal, qué comisiones pagas y qué fricciones (incluida la fiscalidad) estás aceptando sin darte cuenta.
Fuentes para profundizar:
1) Oro e inflación: qué es verdad (y qué no) cuando miras décadas
- Bampinas & Panagiotidis (2015) — “Are gold and silver a hedge against inflation? A two century perspective”
Si quieres una vacuna contra la idea “IPC arriba = oro arriba”, este paper es perfecto: mira datos muy largos (EE. UU. y Reino Unido) y muestra por qué la relación es más irregular de lo que el mito promete. - World Gold Council — “Gold as a strategic asset”
Es la versión “manual de cabecera” del argumentario del oro: diversificación, escenarios, y por qué a veces encaja y a veces no. Tiene sesgo (lo firma quien promueve el oro), pero está bien estructurado para aprender. - World Gold Council — materiales sobre oro e inflación / “inflation hedging”
Suelen ser piezas pedagógicas con gráficos claros; útil para entender los matices (horizonte temporal, shocks, tipos reales) sin entrar en estadística dura.
2) Qué mueve al oro “de verdad” (y por qué a veces el IPC pinta poco)
- BCE (Financial Stability Review, mayo 2025) — “What does the record price of gold tell us about risk perceptions…?”
Muy buena para poner orden: oro como activo sin cashflow, refugio en estrés, papel de incertidumbre (geopolítica, política económica), y cómo eso aparece en mercados de derivados y demanda “por entrega física”. - Erb & Harvey — “The Golden Dilemma”
Un clásico moderno: te baja al suelo ideas populares sobre el oro (cobertura, valoración, expectativas) con argumentos que suelen ser contraintuitivos, pero muy formativos.
3) El giro geopolítico: bancos centrales, sanciones y “oro como reserva”
- BCE (International role of the euro, junio 2025) — “Gold demand: the role of the official sector and geopolitics”
Si solo vas a leer una cosa sobre “por qué el oro está tan marcado por geopolítica últimamente”, que sea esta. Habla de compras récord de bancos centrales, ruptura de correlaciones tradicionales y oro como activo “no es el pasivo de nadie”. - World Gold Council — “Central Bank Gold Reserves Survey 2025”
Te da el “por qué” declarado por los bancos centrales (diversificación, crisis, inflación, riesgo político) y permite conectar el relato con datos de intención.
