Los hijos unen un mundo demasiado pequeño

Ayer fiesta de castañada-halloween. Una extraña -pero curiosa- mezcla, por aquello del mestizaje políticamente correcto. Ruidoso evento organizado por diez adolescentes (entre 13 y 14 años) todos ellos compañeros de clase… que con la complicidad de algunas mamás y junto con ocho chavales más (hermanos y hermanas más pequeños), montaron tan magno evento.

Lo sorprendente de la velada es que me acabé reuniendo en la mesa con la dentista y el oftalmólogo de mis hijos. Yo sin saberlo ¿Casualidad? Apasionante.

Hoy partido de fútbol. Haciendo un café antes de empezar el partido, mientras leo –muy concentrado- el MundoDeportivo. Sentado cómodamente en la cafetería del club, un sábado lluvioso a las 10 de la mañana. En verdad, no hay nada mejor que hacer.

En una conversación de cortesía. Hablo de trabajo por primera vez con el padre (italo-suizo) de un compañero de equipo de mi hijo… Nos vemos cada partido desde hace dos temporadas. Nunca hemos hablado de trabajo. Siempre hablamos de gilipolleces futboleras…

Sin querer empezamos hablando de la recesión económica… Sin preguntar, me cuenta que trabaja de lunes a viernes en Zurich. Resulta que había sido director financiero de una conocida empresa tecnológica con la que he tenido mucho roce los últimos años. He compartido comité de dirección con muchos de sus directivos… en una compañía punto.com. Tenemos unos cuantos conocidos y amigos en común. Casualidades.

En la cole de tus hijos/as siempre eres “el padre de”. En el fútbol soy “el padre de Eric el portero”.

Lo que unen los hijos, que no lo separen los padres.

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