Formación: expectativas, apertura y aplicabilidad

La noticia que Graduados en Derecho demandan a sus universidades por no encontrar trabajo es un síntoma que la industria de la formación necesita evolucionar.

La fórmula tradicional (titulación + universidad de prestigio = empleo seguro) está agotada. Su modelo se basaba en la escasez, en el privilegio de ser uno de los elegidos. Cuando la producción de titulados se ha industrializado y la oferta se ha masificado, la escasez desaparece y aparece la abundancia. Desde el punto de vista de país, de un territorio, es buena noticia. Desde el punto de vista del recién graduado es un desastre. Con el título bajo el brazo no hay ningún elemento de diferenciación en un mercado con cada vez menos oportunidades de absorber el alud de titulados de cada año.

Los ranking de las escuelas de negocio, como los de las universidades tienen algo de sospechoso. Me recuerdan a los audímetros de las televisiones: una mentira compartida, que se acaba convirtiendo en una convención aceptada por casi todo el mundo…. Y que a la industria ya le va bien.

Mientras todo el mundo se centra en quien es mejor, no se habla del problema. El sistema actual deberá superar este esquema:

  • Expectativas generadas vs precio
  • Modelos cerrados vs abiertos. O sea claustro docentes cerrados, alimentados por doctorados (o no) full-time o abiertos a base de profesionales en activo
  • Actualización de los planes de estudio. Un problema que impacta directamente en la aplicabilidad de los conocimientos y habilidades adquiridas en el mundo real

Ni la universidad, ni las escuelas de negocio pueden garantizar la empleabilidad. Si las expectativas caen, su promesa de valor se derrumba.

El modelo actual, tanto estudios de grado como posgrado, tiene que evolucionar. Probablemente no exista una solución única y perfecta. La acreditación de las capacidades y conocimientos depende cada vez menos de un pedazo de papel (título) y cada vez más de la actitud y la capacidad de hacer.

La universidad pública (en España) todavía está más expuesta. Con las aportaciones públicas disminuyendo, sus finanzas amenazan quiebra. Solo pueden bajar costes y/o subir precios. Lo primero redundará en una probable baja de la calidad. Quizás implique deshacerse de los profesores asociados que son los que suelen aportar aire fresco en las aulas. Subir el precio es la otra opción. Aunque el incremento lleva implícita una mayor exigencia en todo y un riesgo latente de demandas como la de los graduados en Derecho.

A las escuelas de negocio (y sucedáneos) tendrán que agudizar su ingenio para gestionar las expectativas. No hay empleo para tanto máster.

El camino es más personalización, actualización y proximidad. Un claustro docente abierto, comprometido y el mejor en cada momento. Itinerarios más afinados en contenidos y tiempos. Más aplicabilidad y actualización constante. El proceso de formación no termina en las aulas, se requiere una mentorización activa y de primer nivel.

Un mercado enorme. Unas necesidades por satisfacer. Un reto muy estimulante. Me encanta.

 

PD. Interesante artículo ‘Universidad, educando a la generación digital‘ publicado en Magazine de LaVanguardia

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2 respuestas a Formación: expectativas, apertura y aplicabilidad

  1. alexarabat dijo:

    De acuerdo con parte del post y, sobretodo, con el fondo. Aún recuerdo unos cinco años atrás (2007) oír a un rector de una facultad de Ingeniería Informática, admitir que la mayoría de sus planes de estudio estaban desfasados con respecto a lo que se pedía en el mercado y que sus estudiantes, en aquella época la mayoría trabajando sin necesidad de los “conocimientos” que les aportaba la universidad, tenían clara la utilidad de sus estudios universitarios: el título.

    Lo curioso es que admitía también que era imposible evolucionar en el sistema universitario actual. La realidad sigue siendo la misma: una modificación de una memoria oficial es una larga odisea que, cuando termina, vuelve a estar desfasada.

    • Gracias Alex,
      Por suerte (para los estudiantes) el entorno universitario está moviéndose. No tanto por iniciativa propia, sino porque el mercado se está endureciendo. Hay que luchar para mantener la reputación académica, esforzarse por cada nueva matrícula captada y para conseguir que los recién graduados se incorporen al mundo laboral/empresarial con cierto grado de éxito.

      Los «académicos» pueden seguir en «su mundo» el tiempo que quieran, pero si quieren comer, tendrán que arremangarse y pisar el mundo de los mortales.

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