Extorsión analógica en la escuela

En un momento en el que nos llenamos la boca de la sociedad de la información, mis hijos siguen llevando una media de cinco kilos de peso a sus espaldas, de libros y libretas, cada día al colegio.

A pesar que la directora de la Biblioteca Nacional, Rosa Regàs, afirma que «un libro vale lo que vale una copa por la noche por lo que no son tan caros». ¿Desfachatez o me estoy haciendo mayor y hace mucho que no salgo de copas…?. Como mínimo admite que «una familia tendría que poder heredar los libros de texto del año anterior». ¿Tendrá algo que ver el lobby editorial?

El recurrente impuesto revolucionario, que religiosamente pagamos los sufridos padres cada inicio de curso, es la escandalosa y descarada prueba de la exitosa estrategia de las editoriales con la connivencia de las escuelas.

La eliminación de los descuentos en los libros de texto para el próximo curso escolar no ha supuesto el fin de las disputas comerciales entre la distribución (aquí hizo un buen trabajo el lobby).

La indefensión del consumidor es tan grande que los libros son utilizados como reclamo comercial hacia el consumo de otros productos, tal como propone Carrefour. Lamentable.

No es una proclama hacia la gratuidad de los libros de texto. Más bien es una demanda a repensar de qué forman acceden, reflexionan, trabajan los contenidos nuestros hijos. Porque los libros de texto tal como los conocemos desaparecerán y serán sustituidos por contenidos digitales, en los que colaborarán y participarán profesores y estudiantes. Y que –previsiblemente- con el permiso (o no) de la industria editorial, de las escuelas y de las administraciones, serán de acceso abierto.

Lo que no tiene mucho sentido es seguir estudiando como hace 20 años en los tiempos de Google, Wikipedia,… Es una tomadura de pelo de las editoriales, con la interesada complicidad de las escuelas y las Administraciones correspondientes.

Mientras, qué nadie se sorprenda por qué España amplía la brecha digital con Europa y cae a los últimos puestos.

Respecto a las editoriales de libros de texto, sólo añadir que deberían tomar buena nota de lo que ha sucedido en la industria discográfica. Que hagan su marketing y aprovechen la oportunidad de pilotar iniciativas al respecto. Eso o empezar a escribir su epitafio.

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