Siempre jugando

De vez en cuando acepto algún reto de mi hijo con su PS2. El resultado siempre es el mismo. Monumental paliza y una –muy bien llevada- humillación paterna. Vamos, que estoy lejos de ser un jugón. Pero lo cierto es que sin necesidad de apelar a los videojuegos, la jugabilidad de nuestras vidas -gracias a múltiples dispositivos y a unas conexiones ubicuas- va creciendo lentamente.La acepción de realidad jugable es muy amplia. No me refiero

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