En el minifundio catalán y el ahora qué

A raíz de la sentencia del TC hacia el Estatut y su publicación, se ha desbordado –de nuevo- el sentimiento de desafección entre Catalunya y España. Nos metieron en la aventura del Estatut sin haberlo pedido. Nos convencieron para que fuéramos a votar. La soberanía popular dijo sí. Se nos prometió aceptar la voluntad de la mayoría y luego nos dimos cuenta que todo era una farsa electoralista nauseabunda.

El ‘tema catalán’ es munición electoral. Sabemos desde hace tiempo, que meterse con Catalunya es rentable. El crecimiento de determinadas fuerzas políticas extremistas, todavía ha ido enriqueciendo más un caldo político con intenso sabor a confrontación. Hay partidos y políticos, que sólo crecen gracias a eso. La recogida de firmas contra el Estatut incitada por el principal partido de la oposición española, se me antoja como uno de los mayores errores de la democracia. Quizás no fuera tan evidente como las mentiras del ‘Prestige’, las armas de destrucción masiva en Iraq o el ‘pasalo’ a raíz del 11-M, pero la herida sigue abierta y el Tribunal Constitucional le ha echado un poco más de sal.

La manifestación del 10 de julio en Barcelona, con más de un millón de participantes, es una respuesta tan simbólica como contundente. Ahora hay hartazgo, a pesar de las discusiones previas a la manifestación, sobre la cuestión de banderas, lemas y filas, que me parecieron patéticas y demuestran una vez más, el mezquino tactismo de los partidos políticos (también afecta a los catalanes), que todo lo impregna.

Hoy no me siento representado por ninguno de ellos. Me deprimen. De lo único que tengo certeza es que cada vez pago más impuestos, que he sentido vergüenza ajena hacia muchos políticos catalanes, y que una gran parte de su acción de gobierno es mediocre con demasiados episodios para olvidar.

Me desagrada que en Barcelona y en Madrid, se pateen una parte demasiado importante de mis impuestos en mantener administraciones cuadriplicadas (que me explique alguien para qué sirven las Diputaciones), para fomentar el clientelismo, la propaganda política y cuestiones folklóricas como si nadáramos en la abundancia.

Me niego a creer en una clase política bajo los efectos del síndrome del “bombero-pirómano”. Imposible confiar en un sistema de partidos basado en unas sospechosas listas cerradas, que acogen o han acogido, a miembros selectos de esa ‘sociedad civil’, mecenas y corruptos que se enriquecen a costa de los ciudadanos de a pie. O a los ‘happy flowers’ que si por ellos fuera plantaríamos tomateras en plena Avda. Diagonal, nunca más haríamos una infraestructura pública en territorio catalán, y nos trasladaríamos de una lado a otro montados en burro (catalán por supuesto). O los intervencionistas, esos patriotas que se entestan en regular cada minuto de nuestra existencia y empecinarse en dictarnos cómo tenemos que comportarnos.

Después del 10 de julio nada cambiará, los partidos políticos convocantes regresarán a sus cuarteles generales para ver de qué forma pueden arrimar el ascua a su sardina. Los que eran anti-Estatut seguirán en sus trece, impertérritos, vociferando desde sus cavernas el “España se rompe”. Los que crean que los triunfos de “la roja” es árnica, son miopes o profundamente ciegos. El desencaje ya dura muchos siglos y nada cambiará aunque la pelotita entre y el protagonista sea culé.

Para los de aquí, les diría que Catalunya es un minifundio, y no por cuestiones físicas, lo es por cuestiones mentales. Hay que abrirse, no empequeñecerse y empujar, y no me refiero a pancartas ni banderas. Necesitamos una profunda renovación y requerimos un nuevo liderazgo. Hay que superar el marco político de los últimos treinta años y cambiar la mentalidad de los últimos tres siglos.

Nos intentarán convencer que ahora es el momento, pero nada cambiará. En el momento de la verdad se venderán por un plato de lentejas, que contrariamente a lo que la gente cree, no hay obligación de aceptarlas.

La incomodidad de los catalanes es manifiesta. Ya no es sólo una cuestión identitaria, es una cuestión supervivencia, nos fastidia profundamente pagar por servicios de primera, y obtener servicios tercermundistas. Si ya era duro en condiciones normales, en un entorno tan complejo como el actual, la solidaridad territorial tiene su límite y el desprecio a la soberanía popular rebasa ese límite.

Reconozcamos que también somos únicos en mirarnos el ombligo y complicarnos la existencia. Tenemos ejemplos notables, desde las eternas discusiones sobre el trazado del AVE, hasta el hilarante episodio de las votaciones sobre la remodelación de la Avenida Diagonal, con el vergonzoso comportamiento del alcalde de Barcelona (mentiroso pero incapaz de dimitir).

Con tanta performance melodramática, hay quienes se mofan del poder de convocatoria de los referéndums locales por la independencia de Catalunya. Aunque hacer de la política un simulacro lo veo como un error, les diría que ahora consideren al millón de participantes del día 10 de julio, como una severa advertencia. Catalunya quizás sea un minifundio, pero reunir a más de un millón de catalanes a -pesar de las estupideces de los partidos políticos- es algo extraordinario.

La única lectura posible de todo esto ya no es si a Catalunya le iría mejor o peor sin España. O si es España es posible o no, sin Catalunya. Como dice Antoni Puigverd el único horizonte posible es Europa, “a más Europa, más posibilidad de colear; de nadar a pulmón libre, sin el severo control de los magistrados de una España que no puede liberarse del fascinante magisterio de la Inquisición”.

Post relacionados:

  • No Related Posts
Esta entrada fue publicada en 10J, Catalunya, personal, política. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a En el minifundio catalán y el ahora qué

  1. Stop dijo:

    Eso del millón de participantes lo dicen los medios de desinformación general. No hay publicadas imágenes aéreas. Que bendita casualidad, ¿no? ¿Caben un millón de personas en el Paseo de Gracia? Me temo que no. ¿Podrían avanzar? Tampoco. En la manifestación contra la Guerra de Irak se contabilizaron no más de 800.000 personas y la cabecera no consiguió avanzar. Lynce, analizando 175 fotos aéreas, ha estimado la participación en esta manifestación en no más de 60.000 personas. ¿Quién dice la verdad? Pues posiblemente si la cosa estuviera tan clara, habría imágenes aéreas. Claro que eso no significa que después de un corta y pega, estas aparezcan. Pero ahora no las hay.

  2. Gloria dijo:

    No sólo hay un montón de imágenes fotográficas y en video aereas de la manifestación, sino que estaba tanto el paseo de Gracia como las calles circundantes llenas a rebozar de gente.

    Igual el desinformado (o el ciego) seas tú!

    Léete esto: http://www.zuco.org/2010/07/11/insulto-a-la-inteligencia-el-pais/

  3. Por una Lebrija Libre dijo:

    Simplemente entro a analizar este texto, con un simple enlace… a buen entendedor…

    "La incomodidad de los catalanes es manifiesta. Ya no es sólo una cuestión identitaria, es una cuestión supervivencia, nos fastidia profundamente pagar por servicios de primera, y obtener servicios tercermundistas. Si ya era duro en condiciones normales, en un entorno tan complejo como el actual, la solidaridad territorial tiene su límite y el desprecio a la soberanía popular rebasa ese límite".

    http://www.elpais.com/articulo/economia/Presupuestos/2008/Inversion/directa/comunidades/autonomas/elpepueco/20070925elpepueco_6/Tes

    Creo que los catalanes tenéis un concepto de la solidaridad territorial una mijita sui generis, más cuando se persigue una Agencia Tributaria propia…

  4. Antonio J. Domínguez dijo:

    corrijo: algunos catalanes

  5. Jordi dijo:

    Wow, molt bona reflexió albert, jo em sento igual que tu no em sento ni representat per un ni per altres.
    Cansat del victimisme del nacionalisme català que sembla impregnar a tots els partits, a tots menys als que entenen només una espanya en castellà, de toros i flamenco.

    El problema crec que està en una guerracivilització de la societat, una bipolaritat tópica i típica de les 2 espanyes, per una banda un nacionalisme català "Ombliguista" i victimista, d'una altra una espanya que té por de la seva fractura com a "nació".

    En definitiva uns partits i uns mitjans de comunicació que segueixen anclats en la política dels anys 30 o com a molt dels anys 60 i 70, però que hi ha de les necessitats dels i les catalanes? I del conjunts de ciutadans espanyols? En ple segle XXI el discurs d'uns i altres no deixa de resultar patètic, seria cómic si no fós per que ens juguem el nostre present i encara més important el nostre futur.

    Moltes vegades, mig en broma, dic que m'agradaria enviarlos a tots a Mururoa i fer.ne una proba nuclear amb ells, necessitem un canvi profund a nivell de les nostres elits polítiques, però el problema és que encara els seus discursos tenen molta força i molta veu, i el més important una capacitat de mobilització que aquells que no formen part dels seus dogmes no tenim.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.