Aprendiendo del fútbol 16 – la vergüenza

Otra matinal futbolera. La jornada anterior un inoportuna capsulitis de mi hijo, me libró del partido. Hoy con el día lluvioso, no había excusa. Afortunadamente sin madrugar.

La meteorología no invitaba a estar media mañana a la intemperie, pero así ha sido. Lo más destacable –por desgracia- de la matinal de fútbol, ha sucedido antes de empezar nuestro encuentro. En el partido anterior al nuestro, un intento de agresión al árbitro ha hecho necesaria presencia policial.

Un episodio muy lamentable. Más teniendo en cuenta que el agresor era el padre de un jugador alevín del equipo visitante. La rápida intervención del resto del público ha evitado que el tema fuera a más.

El árbitro encerrado en su vestuario, del que no ha salido hasta que ha llegado la dotación policial. En total, una hora de retraso aguantando bajo la lluvia.

Al parecer el desencadenante ha sido la expulsión de su hijo durante el partido, al finalizar el cual, el sujeto en cuestión ha intentado atizar al árbitro. Bonito ejemplo para chavales entre diez y once años. Demencial.

Nuestro partido ha sido una balsa de aceite. Hemos perdido por 0 a 2. Segundo partido oficial de la temporada y el juego de los nuestros no mejora. Quizás lo peor es la distancia que separa a los jugadores de primer año, con los de segundo año. Se notan mentalidades diferentes. Estilos muy diferentes.

Los infantiles de primer año, son más incisivos, pero el juego de equipo está por encima de todo. Su actitud es positiva y constructiva. Los de segundo año, más creciditos (en todos los sentidos) son más individualistas y el detalle de recriminar los errores de sus compañeros de equipo, son bastante feos.

Ha ocurrido en determinados momentos del partido, entre ellos cuando mi hijo ha encajado cada uno de los goles. El primer gol encajado ha sido un despropósito. Balonazo muy bombeado a portería, que la lluvia, la falta de centímetros y de pericia de mi hijo han hecho que el balón entrara. Un gol de esos de mala suerte. Casualmente ha ocurrido pocos minutos después que uno de los padres estuviera comentando en voz alta lo seguro que se veía a mi hijo esta temporada bajos los palos. Me he deshinchado en décimas de segundo…

El segundo gol nada que objetar. Rápida contra del equipo visitante, un jugador contrario delante del portero que con una vaselina (preciosa) ha batido por segunda y definitiva vez a mi hijo.

La segunda parte, intrascendente. Varias ocasiones, pero el marcador ya no se ha movido ¿Injusto? Sinceramente eso es lo de menos.

Un partido, una mañana, para olvidar. Es que esto del fútbol, lo siento, pero no….

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