Aprendiendo del fútbol 15 – empate sin aperitivo pero con portero chulesco

Después de la triste impresión del primer partido (amistoso) de la temporada, hoy llevaba el segundo. A la una y media del mediodía, a pleno sol para curtir a jugadores y a los sufridos familiares.

La primera mitad ha sido muy floja. Nos han marcado el 0-1 a los veinte minutos. Saque de falta al borde del área. Mi hijo –hoy portero titular- bastante trabajo a tenido con que no entrara (yo ya la veía dentro)… pero el apurado rechace, ha sido aprovechado, ante la pasividad de nuestra defensa, para marcarnos el primer tanto del encuentro.

El resto de la primera parte para olvidar. Jugadores fuera de su posición habitual. Faltos de velocidad, juego enmarañado,…. Sin aperitivo y aguantando “aquello”.

La segunda mitad las cosas han cambiado. Un número importante de cambios. Con mayoría de jugadores “pequeños” (de primer año). Mucha más velocidad. Más presión. Literalmente se comían al contrario que, agotado, pocas veces ha cruzado el medio campo.

Un detalle. La gran atracción para la afición local, ha sido el portero visitante, con físico de cadete y un porte de portero chulesco. Cruce entre Paco Buyo y Olivier Khan, pero con 13 añitos (supongo). Para hacerse una idea un chaval que fácilmente rondaría el metro setenta, corpulento… se recreaba con actitud prepotente y tremendamente arrogante. Con pose del que “se imagina” muy por encima del resto.

Entre los padres, comentábamos esa actitud. Y decíamos -entre nosotros- que aunque perdiéramos, merecía recibir un gol. Así ha sucedido. En la recta final del encuentro, y después de bastantes minutos de buen juego, llegaba nuestro gol. Un tanto de vaselina de uno de los pequeños. Un golazo. Los padres lo hemos celebrado como si fuera un gol de Champions.

Parecía que todo volvía a su sitio. Como en la temporada pasada. Minutos de buen juego. Discusiones entre los padres sobre la táctica del equipo. La clásica mamá de “que bien que juega mi hijo”, etc.

Finalizó el encuentro. Todos felices, menos nuestros estómago que –con razón- se quejaba. Y es que la cuestión es quejarse, aunque sea por quedarse sin aperitivo.

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