Estar ciego, hacerse el ciego o vendar los ojos de los demás

Parece que al final no era una invención propagandística y tendenciosa de la oposición. El PIB bajando, la inflación está por las nubes, el euríbor disparado, las compañías sudando tinta ….la economía está en crisis. Tan cierto es eso, como que a determinados sectores y compañías les va mejor que nunca.

Al final los del Gobierno han reconocido que hay crisis, pero lamentablemente no parece que lo hayan hecho por iniciativa propia, sino un poco “obligados” por las encuestas.

Los gobiernos, al igual que las empresas, cuando necesitan tirar de la realidad de las encuestas porque son incapaces de actuar sin ellas, es que han perdido algo fundamental: contacto con la realidad y sentido común. O lo que es peor, cuando saben que su producto es malo o claramente peor que la competencia, pero se aferran a la comunicación para (intentar) apuntalar algo insostenible ¿eso es mentir?

Pero no deseo desviarme del tema. No quería hablar de las realidades artificiales construidas y sostenidas a golpe de comunicación, sino de la pérdida de la sensibilidad con tu clientela o si su prefiere, con la realidad del mercado.

Es como los que abusan del GPS para orientarse. Estudios recientes demostraban que provocaba una cierta atrofia del sentido de orientación natural, con el que todos los humanos venimos equipados de serie.

Esa “atrofia” tiene un caldo de cultivo habitual en muchos departamentos de marketing. Es una enfermedad bastante habitual, el “síndrome del despacho”. Abusar de la oficina en lugar de pisar más el terreno, hablar con los clientes, observar la competencia, etc…

Es un error clásico de los departamentos de marketing, que a menudo se fían sólo y desproporcionadamente de los datos y de investigaciones cocinadas por otros, pero que son incapaces de escuchar y hablar –aunque sea de vez en cuando- con los clientes. Algo imprescindible si no se quiere entender la realidad, con todos sus matices.

La realidad es la que es. A unos les podrá gustar más o menos, pero aprender a aceptar las cosas tal como son, y no obcecarse de que son como uno querría que fuesen, ahorra muchos disgustos. Lo digo por experiencia.

A veces la realidad es cruel. Un ejemplo simple pero claro nos ocurre en Nikodemo. En la web (todavía en beta) los seguidores de Mundo Cálico ponen sus comentarios a cada una de las cápsulas. Hay centenares. Estos días he estado releyendo muchos de los comentarios de la web. Mayoritariamente son buenos, pero cuando alguna cápsula semanal no gusta, lo dicen, abiertamente y sin censuras.

Reconozco que algunos escuecen un poco. Hace poco un amigo me advertía que dejar abiertos los comentarios -sin filtrar- era de alto riesgo. Quizás, pero para nosotros es vital conocer (¡y compartir!) esas reacciones inmediatas y espontáneas de los usuarios. Sin ellas no podemos mejorar, sin ellos no existiríamos.

Seguramente esta práctica, tan poco sofisticada y simple, además de orientar a muchas empresas y organizaciones, sería un buen ejercicio de honestidad y transparencia, y de paso, quizás ahorraría a más de uno el sonrojo de admitir alguna mentira.

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