Aprendiendo del fútbol 13 – Entrenador por accidente

Así ha sido. Sabíamos que el entrenador se ausentaba por boda de un familiar. Tenía que venir el segundo entrenador… que a última hora no ha aparecido.

La crónica de los hechos es como sigue. Con la competición finalizada quedan (quedaban) dos fines de semana con partidos amistosos. Hoy tocaba un torneo triangular. Se jugaban tres partidos de media hora y nosotros disputábamos dos ellos.

La sorpresa ha empezado al llegar. Cuando el delegado local me preguntaba si yo era el “delegado de nuestro equipo”. No, “sólo soy el padre de un jugador. El 2º entrenador está al caer”, respondo.

Pasaban los minutos y nada. Cuando he visto a nuestro rival empezar a calentar me he llevado a los chavales al vestuario. Después, empieza el calentamiento. Y el 2º entrenador sin aparecer.

A todo esto me dirijo a algunos de los otros –sorprendidos- padres y les espeto con un “llamad al coordinador de fútbol, a ver qué pasa”. En pocos minutos me pasan al coordinador que bla, bla, bla “me agradece que me haga cargo del equipo”. Sorpresa. ¿Yo haciendo de entrenador?

El árbitro se dirige a mí diciéndome que en dos minutos empieza el encuentro. Pido auxilio a un par de –sorprendidos- padres “Traed un par de botellas, porque no tenemos ni agua”.

Empieza el partido. La estampa es para recordar. Sólo hay un jugador de refresco pero hay un staff técnico de cuatro padres… Gritar hemos gritado un rato. Reírnos -de nosotros- también. El primer encuentro ha finalizado con derrota (2-0). Tanda de penaltis (para desempatar en caso de empate), también perdemos. ¡Qué desastre! Pienso.

El siguiente partido no pinta muy bien. Jugamos contra un equipo que ha sido contrincante en nuestra competición liguera… con el que hemos perdido ambos partidos. Además, es el anfitrión. Es “su” torneo.

En nuestro “staff técnico improvisado” parece que hay un padre que sí sabe de fútbol. Introducimos todos los cambios tácticos que propone.

Empieza el segundo partido. Esto tiene otro aire. Movemos mejor el balón. Presionamos. Nos sentimos más cómodos en el campo. Incluso yo lo noto. Pronto marcamos el primer gol. Marcamos el ritmo del partido. Después llega el segundo gol. No sin antes escuchar de alguna de las vociferantes madres (hay pocas, pero algunas se hacen notar), ¿Quién ha decidido cambiar a mi hijo? “El entrenador”, respondo.

Acaba el partido con victoria. Hacemos la tanda de penaltis de rigor. Hago repetir a los mismos lanzadores. Uno de ellos había fallado. No quería volver a chutar. Insisto. Ahora va y lo marca. Está contento. El portero –mi hijo- para los dos primeros penaltis contrarios. El primero de ellos con paradón incluido (amor de padre). Hemos ganado el partido y ya no hace falta ni tirar el tercer penalty. Los chavales están contentos, parecen que hayan ganado la champions.

Hemos quedado los segundos clasificados del triangular. Nuestros hijos se lo han pasado bien. Los padres todavía más. Un sábado diferente… haciendo de entrenador por accidente.

Post relacionados:

  • No Related Posts

Un comentario

  1. Esta frase: «Sólo hay un jugador de refresco pero hay un staff técnico de cuatro…» es el día a día de cualquier empresa 😉

    Me he reido un rato!

    Bonita experiencia 🙂

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.