Aprendiendo del fútbol 12

Se acabó el campeonato de fútbol de mi hijo. Cuando escribo este post, todavía desconozco nuestra clasificación final (sinceramente me importa más bien poco).

Hoy jugábamos en casa contra el tercer clasificado. En la primera vuelta, sorprendentemente les ganamos por un gol a dos. El partido de hoy tenía un cierto sabor de revancha, al ser además rivales en la misma zona de la tabla y también equipo de Sant Cugat.

Partido pasado por agua. Ha llovido durante todo el partido. Bueno, ha llovido y mucho a lo largo de toda la jornada. Aunque extraño por las condiciones meteorológicas, ha sido muy disputado y equilibrado. El resultado final de empate a cero refleja bastante bien lo ocurrido en el terreno de juego (que ha aguantado muy bien la intensa precipitación). Todos contentos y empapados.

En realidad, lo que más nos preocupaba del día de hoy, no era el resultado, sino la meteorología. Habíamos acordado celebrar el final de temporada todos juntos, haciendo una costellada en una espectacular masía en el Montseny, propiedad de unos de los padres futboleros.

La lluvia no ha aflojado, pero igualmente se ha celebrado el evento. Así que una vez celebrado el partido, y bastante empapados, nos hemos dirigido al lugar del evento. Aunque no ha sido al aire libre como estaba previsto, los cerca de sesenta participantes nos lo hemos pasado en grande.

Ha sido un homenaje para el entrenador y también para nuestros hijos. Con independencia de los resultados, el equipo ha funcionado como tal (era su primer año junto) y han progresado de una forma espectacular. Sigue siendo un equipo de nivel medio, pero mucho más afinado y que se lo han pasado estupendamente bien a lo largo del año. Eso es lo importante.

Quizás la opinión de dos padres resumía el sentir general. Uno de ellos – socio y gran aficionado al Barça- reconocía haber disfrutado infinitamente más con los partidos de nuestro equipo de alevines, que con el propio Barça.

El segundo comentario era de una madre -nada sospechosa de ser aficionada al fútbol- que reconocía que esta temporada había empezado a cambiar su percepción respecto a este deporte, al ver el buen ambiente, el espíritu y actitud de equipo de nuestros chavales.

Puede que sea casualidad, pero la asistencia del número de mamás presenciando los partidos del domingo a las 9 de la mañana, se ha ido incrementado espectacularmente desde el principio de temporada…

Hoy el final de fiesta y plato fuerte, ha sido un partido informal y realmente de costellada, entre padres e hijos. Juraría que nos lo hemos pasado mejor los padres, que los hijos. Más allá de nuestra anecdótica victoria (pero merecidísima por 6 a 2) ha sido muy cómico vernos a nosotros mismos, bajo una intensa lluvia, intentando mantener el equilibrio en un campo de césped natural, poco rato después de la pantagruélica sesión gastronómica…

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