Aprendiendo del fútbol 11

Hoy nueva matinal de fútbol. Penúltima jornada contra uno de los rivales más difíciles, el segundo clasificado. Jugábamos en su terreno de juego. Uno de esos campos donde más rápidamente puedes comprobar y estudiar los instintos más primarios y bajos del fútbol.

Un detalle para entenderlo. Los veinte metros escasos que separan el terreno de juego del vestuario del árbitro, están guardados por una auténtica jaula, supongo para evitar a la “cariñosa” afición local…

Hoy teníamos el equipo completo, más tres refuerzos del equipo A (el equipo de mi hijo es el C). Algo con lo que no estamos muy de acuerdo los padres, entonces ¿Por qué? Sin saber cómo, nuestro entrenador sabía que el contrario reforzaba su equipo con seis efectivos de su equipo A. Todo muy ridículo en fútbol con alevines, pero nada sorprendente cuando esta misma temporada (y en nuestro grupo), un club ha sido sancionado por falsificar la ficha de algún chaval. ¿Alguien ha dicho ética?

Volviendo al partido, hemos empezado como casi siempre, despistados. El equipo local jugaba con muchísima intensidad. Hemos encajado dos goles en el primer cuarto de hora. En el primero supongo que mi hijo podía haber hecho algo más. En el segundo la delantera rival ha llegado hasta la cocina y su remate a puerta era literalmente imparable. Muy mal empezaba el asunto. Me temía una goleada.

La primera parte, el contrario ha puesto a nuestro equipo contra las cuerdas. Hemos resistido y, a medida que pasaban los minutos, mejorado notablemente el juego. Un par de intervenciones de mérito de mi hijo, nos han salvado de encajar un par de goles más (amor de padre).

Finalmente hemos conseguido marcar un gol. De córner, lo que aún le da más mérito. Y es que solemos sacarlos fatal, casi tan mal como sacar de puerta. Final de la primera parte. Un 2 a 1 en el marcador y esperanzas de enderezar el resultado en la segunda mitad.

La segunda parte, con los papeles cambiados, los nuestros han salido enchufados y el equipo local no pasaba del medio campo. Increíble. A pesar de las ocasiones que hemos tenido el marcador no se ha movido.

La decepción de los nuestros ha sido importante, máxime cuando el arbitraje ha sido desastroso. Todo un alarde de despropósitos. Barriendo para casa (se entiende lo de la jaula para entrar a su vestuario directamente). Fueras de juego inexistentes, faltas en ataque inventadas y el colmo, un penalti clarísimo -hasta la afición contraria lo reconocía- que el árbitro no ha querido ver.

No había tiempo para más, dos minutos más tarde pitaba el final del encuentro… y el muy inepto salía prácticamente corriendo del terreno de juego. Supongo que este infeliz estará acostumbrado a salir corriendo de los campos. Nunca había visto nada igual.

Nosotros podemos enfadarnos, silbar y gritar (hoy me he quedado ligeramente afónico) pero no nos dedicamos a insultar ni a atizar a nadie.

Respecto a la afición contraria, es otra historia. Yo no pondría la mano en el fuego. Aunque sólo fuera por la tasa de alcohol de su sangre. Meterse tal cantidad de cerveza y carajillos un domingo antes de las nueve de la mañana, o tienes el cuerpo muy habituado o vas cocido. O ambas cosas.

Un poco decepcionados, una vez terminado el encuentro, nos hemos acercado a los vestuarios para esperar a nuestros hijos. Tocaba un aplauso y unos mimos, porque a pesar de todo, han hecho un partidazo.

Post relacionados:

  • No Related Posts

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.