Aprendiendo del fútbol 10

Hoy partido pasado por agua. Los que albergábamos la duda (¿esperanza?) de si jugarían o no, nos ha quedado claro. Salvo que el árbitro diga lo contrario por peligros objetivos (p.e. tormenta eléctrica) o por imposibilidad de jugar (terreno inundado), se juega.

Una tregua en la lluvia y un sol, aunque tímido y medio escondido, han hecho el resto. Se ha jugado. La jornada de hoy era previsiblemente asequible. Jugábamos con el último clasificado. En el partido de la primera vuelta vencimos por un escandaloso 0 a 12. Hoy nada hacía presagiar que no fuera igual.

El partido empezó mal para el equipo contrario. Llegaron tarde, poco menos que un par de minutos antes de la hora oficial de inicio del partido. Y además sólo eran nueve y el portero. Un desastre. No sorprende que vayan los últimos de la tabla.

Como soy un ignorante del reglamento del fútbol, pensaba que igual no se celebraría el encuentro. No ha sido. El partido se ha jugado, aunque con retraso y con un contrario en inferioridad numérica.

En la primera parte los nuestros han jugado muy ¿demasiado? relajados. Aún a pesar de eso ha terminado la primera mitad con un contundente cinco a cero. La segunda mitad los nuestros han tenido ocasiones, pero sólo han incrementado la diferencia en cuatro goles más. Total 9 a 0. Resultado abultado.

A pesar de eso, mi hijo estaba mosqueado. Sólo ha jugado la primera mitad. No ha tocado –literalmente- ningún balón (ni para sacar de puerta). En la segunda mitad ha salido el portero suplente. Me parece acertada la decisión del entrenador (yo lo habría hecho en más partidos), pero también me parece bien la “queja” de mi hijo. Le gusta el fútbol y quiere jugar.

Si te pones a practicar un deporte, que sea “en serio”, de forma disciplinada. Por eso cuando jugamos fuera nos convocan una hora y media antes. Nunca hemos llegado tarde y nunca con un jugador menos (aunque tuviéramos que subir a algún chaval de alguna categoría inferior).

Más allá de calidad futbolística de los chavales (en general muy normalitos) y su preparación física (¡alevines jugando en campo grande!), es el trabajo de un entrenador (que con la complicidad de los padres) ha sabido explotar las virtudes del equipo y dotarlo de la actitud, disciplina y compromiso necesario,…. Algo que marca la diferencia entre unos que van los últimos y otros –nosotros- que luchan (luchamos) por estar entre los tres primeros clasificados. C´est la vie.

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