Aprendiendo en el fútbol

He sido espectador de un partido de la máxima rivalidad. Y no me refiero al partido disputado anoche entre el Sevilla y el Barça, que ni siquiera vi por televisión. No, me refiero al partido que ha disputado mi hijo contra el líder de su competición de alevines.

Los chavales estaban motivadísimos. Era el primer partido de la segunda vuelta. Había una razón especial. En el partido jugado en campo contrario apenas pasamos de nuestro medio campo. Aunque “sólo” encajamos ocho goles en contra (ninguno a favor, claro) fue un correctivo duro para hijos (y padres). Aunque más para algunos…

Hace tiempo que he comprobado que ser padre del guardameta es un oficio con riesgo, lleno de penurias y con pocas satisfacciones. Puedes tener mucho o poco trabajo. Si lo haces bien nadie se acuerda. Si lo haces mal, es tremendo. Y si encajas ocho, ni te cuento. Vamos, que todavía me escocía ese episodio.

Después de ese inicio de temporada tan desafortunado, los chavales habían trabajado duro y se habían conjurado para hacer el partido al inicio de la segunda vuelta. Más que como revancha, para tomar medida de su propia progresión.

Hoy, a los 10 minutos perdíamos 0-2. Las caras de los padres eran un poema. Se vislumbraba una reedición de la pesadilla en forma de partido de fútbol.

Pero los chavales han reaccionado. Han llegado a remontar y ponerse un 3-2. Nuestro portero (mi hijo) ha hecho probablemente la que será su mejor parada de la temporada. ¡Chapeau! La afición local ha llegado incluso a corear su nombre… mientras, yo que no cabía de orgullo a pesar de ser padre no-futbolero.

Luego nos han remontado y hemos acabado perdiendo 3-4. Como dirían los cronistas deportivos, “acabaron imponiendo su superioridad física y técnica”.

…pero las familias ahí presentes lo hemos celebrado como un auténtico triunfo, más allá de habernos obsequiado con un emocionante y excelente espectáculo deportivo. En verdad lo hemos celebrado por haberse obsequiado, a sí mismos, con un hermoso y merecidísimo premio al esfuerzo y a la actitud de mejora.

De todo se aprende, incluso del fútbol.

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Un comentario

  1. Parece mentira pero todos aprendemos con el deporte y a la edad que sea.
    Aunque lo que más emociona es ver recompensado el esfuerzo personal y el de tu equipo, ya sea en un «simple» partido como en otros aspectos.
    Ojalá pudiera transmitir esas ganas por el esfuerzo a mis dos equipos, pero siempre tirar del carro, agota.
    Felicidades por la victoria.

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