La valentía de las personas

Me gustan aquellas personas con carisma y audacia, que no se esconden si meten la pata, ni tampoco su disidencia contra el establishment. Personas con un punto de locura cuando plantean sus ideas y su visión, pero que son capaces de conectar, contagiar e ilusionar a la gente que les rodea.

Quizás por eso me emocioné cuando tuve la ocasión de ver por televisión la declaración de Pascual Maragall comunicando públicamente que hace unos meses se le diagnosticó Alzheimer. Especialmente me emocionó su actitud desafiante «En ningún sitio está escrito que esta enfermedad tenga que ser invencible», dijo.

Personalmente no tengo el placer de conocer a Pascual Maragall. Sí conozco bien a personas de su entorno, colaboradores políticos y también algún familiar.

Dos anécdotas. Del colaborador político, que me confesaba ya hace algún tiempo que “Pascual Maragall era más artista que político”. Por eso a menudo desentonaba.

De un familiar, que me comentaba que a medida que Pascual Maragall iba accediendo a cargos de máxima responsabilidad en diversas administraciones, él les pedía perdón (a toda su familia) porque eso les excluía (a la familia) directamente de poder trabajar para esa administración. Era su código personal. Otros –muy conocidos- no lo han practicado.

Escribo sobre Pacual Maragall como ciudadano, demasiado acostumbrado a la mediocridad y tono grisáceo (a menudo desagradable, indigesto e inquietante) del panorama político. Por tanto como ciudadano que soy, que de vez en cuando, un personaje mediático se desnude sin ninguna obligación, ni interés crematístico y logre emocionarme, no es demasiado habitual. Otros habrían preferido pasar enfermedad con su familia y su círculo de amistades más próximo. También muy respetable.

Él ha preferido mojarse públicamente y ofrecer a la sociedad su desafío personal contra la enfermedad. Creo que sólo por eso deberíamos estarle todos agradecidos.

Además, este gesto lo retroalimenta notablemente. Buena noticia, entonces para su (nuestro) desafío. Ya era un personaje próximo, experto en conectar con la gente -muchos deberían aprender de él-, ahora más. Sus célebres maragalladas, las apariciones televisivas de su alter ego en la serie de humor “Polònia”…

Pero a mí, lo que más me había llamado la atención hasta el momento, es su disidencia. Cuando lo fácil habría sido seguir medrando del partido y del establishment, decidió apartarse de su partido de toda la vida, primero dejando su presidencia y después su militancia.

Más allá del personaje político, a quién nunca voté, me interesa el punto de frescura que ha aportado al aburridísimo panorama político. Esperemos que continúe de alguna manera su particular visión de la política. Necesitamos ese punto de audacia e ilusión.

No sin ironía citó ‘Hicimos los Juegos Olímpicos, el Estatut y ahora iremos a por el Alzheimer y tengo la certeza de que esta enfermedad será dentro de 10 ó 15 años vencible y vencida’.

Desde aquí, chapeau!

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2 comentarios

  1. Digue’m que en Pasqual Maragall hi ha ficat el seu germà en l’època de l’Ajuntament? Igual que ha fet en Nadal i en Carod-Rovira?

    Per altra banda, estic totalment d’acord: No hi ha escrit enlloc que l’Alzehimer no es pugui vèncer. Molta sort Pasqual i familia!

  2. Ho sento però no és així. Ernest Maragall treballava a l´Ajuntament abans que el seu germà fos elegit alcalde de BCN.

    En el cas Nadal i Carod-Rovira estic d´acord amb tu… però està clar que el meu post no anava amb ells.

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