La fuerza de la comunidad y la educación de los hijos

La educación es la mayor y mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos. De esa educación, hay un parte relevante que los padres confiamos a la escuela.

Por esa razón, no es de extrañar que la búsqueda y selección de escuela, se convierta en una decisión trascendente, delicada e incluso estresante para los padres. El futuro de nuestra prole está en juego.

Si vives en una gran área metropolitana el tema se complica. Eso se agrava si se trata de una ciudad pequeña con uno de los índices de natalidad más elevados del estado español, Sant Cugat del Vallés.

Cuando en nuestro caso, mi esposa y yo, escogimos escuela, optamos por la que creímos que significaría una mejor educación para nuestros hijos. Por su ideario, por su proyecto educativo y por afinidad con la comunidad que lo forman (alumnos, padres y profesores).

Alguien una vez me comentó que “uno es, de donde estudian sus hijos”. Llevaba gran parte de razón. Las relaciones sociales que se trenzan en el transcurso de los años de escuela, entre hijos, padres, amigos, determinan en buena medida una gran parte de tus relaciones personales y, quien sabe, si profesionales.

Sobre la categoría de nuestra escuela, de cuyo proyecto educativo y profesorado estamos altamente orgullosos nosotros y los padres del millar largo de alumnos, poco hay que añadir, ha estado durante los últimos años en el top de mejores escuelas del estado español.

Hasta aquí, todo bien. Pero empezó a torcerse cuando hace justo un año nos enteramos por la prensa económica que una importante empresa de capital riesgo había entrado en el capital de la empresa propietaria de la escuela (privada y no concertada). Tomando una parte significativa de su accionariado.

La escuela (perdón la empresa) ha cometido un pecado capital: no informar de nada y comunicar mucho peor. Esto ha acrecentado la desconfianza de los padres, convertidos de facto, en meros clientes de un ambicioso proyecto empresarial.

La gota que desbordó la situación fue la acción unilateral de la escuela de proceder a una derrama el pasado mes julio en concepto de “mejoras y mantenimiento”.

¿El resultado? Un belicoso 20 % de las familias devolvió ese recibo extraordinario. Fue una manera de manifestar nuestro desacuerdo y de reclamar, de una vez por todas, más transparencia y honestidad en una actividad que tiene altísima incidencia sobre lo que más estimamos, nuestros hijos.

El clímax máximo se alcanzó la semana pasada, cuando los padres belicosos fuimos convocados a una reunión aclaratoria.

La reunión, presidida por la que había sido la directora de la escuela, hoy consejera delegada de la compañía, fue un episodio insólito e inverosímil. Difícil de olvidar.

Sus pocos escrúpulos quedaron al descubierto cuando a posteriori intentó justificar torticeramente los supuestos proyectos de mejora y mantenimiento. Que si un nuevo auditórium, la instalación de wi-fi en toda la escuela, ampliación de los comedores,… al final alguien con buen criterio cuestionó la idoneidad de ampliar líneas (clases por curso) cuando hay alumnos almorzando cada día en sus clases.

La actitud de la susodicha fue: “estamos invirtiendo en la mejora y mantenimiento de las instalaciones”, “ya avisamos con suficiente antelación (es cierto, colaron hace 10 meses una párrafo en una circular sobre otro tema) para quien no estuviera de acuerdo pudiera tomar la decisión…!de cambiar a su hijo de colegio! Inaudito.

La impertérrita actitud de la consejera delegada fue un exquisito ejercicio de arrogancia, prepotencia y soberbia. Así se lo comenté claramente irritado. De la misma forma que le recomendé que se dejara asesorar por algún profesional de la comunicación para no empeorar las cosas.

Porque sinceramente, jamás había sentido que alguien me estuviera intentando tomar el pelo en directo y de esa forma. A la reunión, asistieron varias decenas de padres y madres. Todos acabamos con un fuerte sentimiento de indignación. Nadie en sus respectivas ocupaciones profesionales recordaba haber presenciado un episodio canallesco similar.

Incluso se nos llegó a acusar de un comportamiento poco responsable e inmaduro. Increíble pero cierto. A la consejera delegada le constaba que entre los díscolos padres nos habíamos cruzado numerosos SMS induciendo al acto de desobediencia. Nos estaba abroncando por un acto de movil-ización libre.

Es cuestionable la legitimidad de la escuela de girar recibos extraordinarios sobre los conceptos, con la frecuencia y cuantía que le plazca. Pero lo que sí es indiscutible, es la legitimidad de los padres a hacer sentir su opinión, reprobar la actitud de la consejera delegada y exigir total honestidad y transparencia en algo de tan alta sensibilidad como la educación de nuestros hijos.

Hoy, mientras acabo este post, con más sosiego después de dejar pasar ocho días, las cosas parecen mejorar. Hemos recibido una nueva comunicación en la que se aprecia un cambio de actitud y un propósito de enmienda. ¿Significa el triunfo de la comunidad sobre la imposición del corralito? Veremos.

Mientras, no tenemos ninguna intención de pagar esa derrama extraordinaria, y –por supuesto- menos aún de cambiar a nuestros hijos de escuela.

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