Un máster de marketing digital en Barcelona para cambiar actitudes

Sesión Máster Marketing Digital en UPF-BSM Barcelona

Después de trece años y otras tantas ediciones quizás va tocando poner negro sobre blanco los principales argumentos del Master en Marketing directo y digital (MMDD) de la Universitat Pompeu FabraBarcelona School of Management y por qué sigo apostando por él.

Aunque pueda parecer un contrasentido, lo más importante del máster no son los conocimientos que se adquieren. La afirmación quizás pueda sorprender porque habitualmente asociamos la universidad como centro de transmisión de conocimiento por antonomasia. Este post es justamente para explicarlo.

El futuro del aprendizaje pasa por la personalización de los contenidos (a nadie puede sorprenderle con mi apuesta por Foxize), algo a priori imposible con el clásico formato “program-centric”. En el MMDD lo aprendimos hasta el punto de apostar ya hace muchas ediciones por un formato “learner-centric” cuya columna vertebral es la tesina o proyecto individual, y dónde las sesiones lectivas son el acompañamiento que enriquece el proyecto.

Quien sepa algo de estos programas sabrá de la complejidad de gestionar (con éxito) que cada participante desarrolle su propio proyecto. Con el añadido que la inmensa mayoría eligen proyectos emprendedores. Algo que, desde la dirección del programa, sin duda, animamos.

Hay que pensar en la complejidad de desarrollar un proyecto a lo largo de nueve meses. A partir de una idea que traes de casa o generada al inicio del propio máster. Ir superando los hitos mensuales que imponemos y evaluamos, incorporando los feedbacks de cada docente experto, con un seguimiento personalizado, que hacen evolucionar o replantear el enfoque del proyecto.

Sí, los mismos participantes incapaces de escribir el índice de un plan de marketing relacional básico nueve meses atrás (ejercicio que repetimos año tras año para demostrar cuál es su punto de partida y su progresión real), son capaces de elaborar un proyecto completo y hacer – nueve meses después- una defensa final, exigente y profesional, delante de un tribunal.

Hablo de progresión real y tangible de cada participante. La mejor prueba del algodón. Y una parte muy significativa del mérito de esa progresión está en el valiosísimo acompañamiento que realiza cada mentor. Por cierto, todos ellos exalumnos del programa. Detalles que hacen de este MMDD, algo distinto. Porque no todo va de técnica ni de conocimientos. La gestión emocional y la empatía son elementos decisivos en la progresión.

Nuestros objetivos siempre han sido muy claros y el cómo lo abordamos, también: el saber (con sesiones presenciales, contenidos online, auto-aprendizaje), el saber hacer (con el proyecto individual), el poder hacer (facilitando prácticas profesionales y haciendo coaching individualizado) y el querer hacer (desarrollo competencial y actitudes).

Mirándolo con la perspectiva que me dan estos años, confirmo lo que siempre he argumentado a favor del MMDD: este programa permite hacer un upgrade de tu sistema operativo personal. Es decir, cambia a personas. Desde luego no es automático, hay que trabajárselo y mucho. Para que suceda, es imprescindible tener el firme propósito de querer hacerlo. Y esa es la gran brecha que separa a unos de otros. Unos vienen solo por motivaciones extrínsecas (conseguir el título). He visto gente muy potente pasando de puntillas por el máster, exprimiendo solo la mitad de lo que da de sí el programa.

Afortunadamente, también he visto personas haciendo un esfuerzo de tiempo, dinero y energía, algunas de ellas dejando su país para venir a Barcelona. Son personas que lo dan todo, lo exprimen al máximo y como resultado acaban teniendo una progresión increíble. Son personas que tienen claro el “para qué”. Aquello que las define, que prioriza el futuro, que despierta el verdadero significado de lo que hacemos hasta el extremo de cambiar su vida (a mejor) gracias al MMDD.  Porque efectivamente, la brecha no es tecnológica, ni de conocimientos, es motivacional.

Por último, mención especial al equipo de mentores del MMDD22, como ex alumnos es una manera interesante de cerrar el círculo. Gracias a Gemma Llopart, Gemma Torra, Laia Mercadal, Michaela Mairinger, Lluis Escribano, Ester Solana, Paula Gaila, Glòria Muñoz, Jordi Andreu, Ignasi Cabezón, Maria Alemany, Anna Puig, Georgina Girona, Pablo Montero y Lina Micó, sin vuestro esfuerzo, esto no sería posible.

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