Emprender también con valores

Se habla mucho de emprendimiento, de emprendedores, de éxitos, de rondas de financiación, de startups, pero poco o nada de valores. Por exigencias del guión, nuestra sociedad se ha convertido de golpe en pro-emprendimiento, convirtiendo en casi héroes a todos aquellos mortales capaces de arrancar su proyecto.

Surgen programas de tv y el emprendimiento ya se ha convertido en maistream, tanto que en algunos ambientes, ser emprendedor ya no es cool. Pero dejaré este tema para otro futuro post. Lo que de verdad quería centrarme es que en la carrera del emprendimiento, de las startups, de los modelos de negocio, quizás hemos pasado de puntillas por los valores. Equivocadamente todavía persiste la idea de que el fin justifica los medios, a pesar de saber que la gran causa de la crisis económica actual tiene su origen en la crisis de valores.

La cuestión de los valores es terreno complejo y en ocasiones ambiguo. Desde dentro de los proyectos es difícil por la falta de perspectiva que te da la proximidad. En cambio, en el TecnoCampus, una “fábrica” de emprendedores, singular donde los haya, he tenido la ocasión de experimentarlo.

En un entorno con miles de estudiantes de diferentes grados y especializaciones, los conocimientos, el talento natural, mezclado con fuertes dosis de actitud y espíritu emprendedor, acaba produciendo ideas potentes que modelizadas con las técnicas y mentorización adecuadas, están alumbrando interesantes proyectos.

De la cantidad a la calidad. La masa crítica posibilita el filtraje para “generar” proyectos más originales, más potentes, más competitivos. En esta corriente, quizás hemos dado un papel demasiado secundario a algo trascendental como  los valores. Desarrollarse armónicamente en estos tiempos, marcados por controversias, incertidumbres y agresividad competitiva, no es tan fácil y obvio.

Seguramente no es tanto el ‘qué’ sino el ‘cómo’ se hacen las cosas. Y aquí empieza la historia que te quería contar. Hace justo un año, arrancamos el proyecto Xnergic. Una iniciativa para fomentar las vocaciones tecnológicas entre chavales de 12 a 17 años. Un proyecto a largo plazo, si afán de lucro pero económicamente auto sostenible, cuyas principales actividades han sido (y siguen siendo) los campus y actividades extra escolares de robótica (Arduino) y programación de videojuegos.

El éxito del proyecto es razonable. Más  de 200 chavales pasando por las diferentes actividades, muchas ganas de hacerlo bien, poniéndole cuerpo y alma, pero cometiendo los errores habituales cuando exploras un nuevo proyecto.

La piedra angular del proyecto son los estudiantes de las ingenierías del TecnoCampus que cumplen el rol de monitor-entrenador. Chavales jóvenes, talentosos, con bastantes conocimientos y habilidades, que conectan muy bien con el público adolescente que aprende y se divierte en Xnergic.

Siempre hemos pensado en el poder presente y futuro de lo abierto, en la hibridación, en la colaboración. Quizás por eso, cuando pones el estómago y el corazón, y no te salen las cosas como querías, te afecta más. Como escribe una persona del equipo responsable de Xnergic a raíz de un conflicto surgido con los monitores-entrenadores que se independizaron, convirtiéndose en ‘competencia’: “Teníamos una relación muy cercana con los entrenadores (se refiere a los de la primera hornada) y gastamos mucha energía, y lo que han hecho es una traición en toda regla. Mientras invertíamos horas y horas hablando qué hacer para compensarlos, como hacerlos ser lo más partícipes posible en todo, ellos estaban organizando ya su chiringuito pensando sólo en el business, y han utilizado elementos Xnergic de forma fraudulenta: contactos, la marca… estos primeros chicos que han participado en los grupos y que hemos perdido por culpa de ellos, los hemos sudado uno a uno. Me sé todos los nombres y apellidos y de dónde vienen y cuando se apuntaron”.

Cuando una madre con un hijo disfrutando con Xnergic desde el principio, nos escribía un email informándonos que -muy a pesar suyo- desapuntaba a su hijo de Xnergic y lo apuntaba a la iniciativa de los monitores desleales, nos dolió en el alma. Tanto como a la madre, que desaprobaba públicamente las prácticas de los monitores desleales, pero que tampoco quería privar a su hijo de ir con el grupo de amigos de siempre. Tranquilizamos a la madre. Le agradecimos su sinceridad y le recordamos que lo importante era que su hijo se apasionara por la tecnología y quizás en un futuro sería un ingeniero…

Nos agradeció la comprensión.

Esto no va de buenos y malos. Pero las cosas hay que hacerlas con cabeza y lo mejor posible. Hemos invertido mucha energía, tiempo y dinero, contratando a los mejores expertos en diseño pedagógico para desarrollar una metodología y unos contenidos que permitan un acercamiento divertido y provechoso a la tecnología. Por supuesto no somos los únicos. Hay un gran número de empresas, organizaciones y personas acercando la tecnología a los adolescentes. Es bueno que exista ‘competencia’.

También somos conscientes que no todo vale. Quizás por eso, en su momento rechazamos la propuesta de enseñarles técnicas de hacking a chavales de 15 años y eso contrarió a los monitores (ahora ‘desleales‘) que lo propusieron. La tecnología no es ni buena ni mala, depende de su uso e intención.

Sabemos que esos monitores acabaron impartiendo el taller de hacking a cambio de unos euros. Y también, que un par de los chavales que participaron en dicho taller, tuvieron problemas serios al hackear la web de su escuela.

Llevamos tiempo preguntándonos cómo queremos que sea el mundo en el que vivimos. Hemos aprendido que tiene que ser un mundo diferente. Queremos cambiarlo. La responsabilidad de formar a los que asumirán la responsabilidad del futuro no es ninguna tontería. Demasiado a menudo las prioridades están equivocadas. No basta con emprender o favorecer el emprendimiento. De la misma forma que no se puede animar al emprendedor a lanzarse a una piscina sin agua, tampoco se puede emprender sin valores.

Tan necesaria es una revisión ética de la actividad emprendedora, como cambiar el paradigma antiguo de que los logros individuales, la rentabilidad, la creación de riqueza,… están reñidos con el compromiso con la sociedad. Deben ir de la mano.

Necesitamos mucha pedagogía.

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